La Santa Escritura de Dios nos enseña en el Salmo 9, 20 cuál es la esencia del humanismo cristiano:ne praevaleat homo.
Que no prevalezca el hombre (Sal 9, 20)
Anteriormente, en el mismo versículo, ha dicho:
Exsurge, Domine!
Álzate Señor!
Y luego de pedir al Señor que se alce, dice: ne praevaleat homo.
La Vulgata dice: non confortetur homo. Para significar que el hombre tampoco ha de gloriarse de sus propias fuerzas, ni robustecerse con sus fuerzas humanas, ni confortarse con sus propias energías, que no son sino nada, una falsa fortaleza, una falsa gloria, una falso consuelo que no conforta.
Lo meramente humano no debe prevalecer en el hombre. ¿Para qué? para que no se alce el hombre, sino Dios, y así el ser humano, hombre y mujer, sean humanos, luminosamente humanos, verdaderamente humanos según el Plan de Dios.
Para que Dios se alce en el ser humano y éste encuentre consuelo, sea confortado y verdaderamente fortalecido.
Hemos de saber, pues, una cosa.
Nos la dice el mismo salmo, en el versículo 21: sciant gentes se homines esse: sepan los hombres que son solamente hombres.
La Vulgata dice: non confortetur homo. Para significar que el hombre tampoco ha de gloriarse de sus propias fuerzas, ni robustecerse con sus fuerzas humanas, ni confortarse con sus propias energías, que no son sino nada, una falsa fortaleza, una falsa gloria, una falso consuelo que no conforta.
Lo meramente humano no debe prevalecer en el hombre. ¿Para qué? para que no se alce el hombre, sino Dios, y así el ser humano, hombre y mujer, sean humanos, luminosamente humanos, verdaderamente humanos según el Plan de Dios.
Para que Dios se alce en el ser humano y éste encuentre consuelo, sea confortado y verdaderamente fortalecido.
Hemos de saber, pues, una cosa.
Nos la dice el mismo salmo, en el versículo 21: sciant gentes se homines esse: sepan los hombres que son solamente hombres.
Sepamos lo que somos sin Dios. Solamente criaturas contingentes. Solamente briznas de paja, que arrebata el viento. No dioses, solamente hombres inclinados al mal, esclavizados por el Maligno que nos arrebató la Gracia originariamente, dejándonos heridos, débiles, enfermos de muerte. A su merced. No totalmente esclavos, pero esclavos. No totalmente muertos, pero enfermos de muerte.
Solamente somos hombres. Mortales, débiles, aquejados de fragilidad, inclinados al mal, heridos originariamente, es decir, de forma radical; muertos por nuestros pecados....
Solamente somos hombres. Mortales, débiles, aquejados de fragilidad, inclinados al mal, heridos originariamente, es decir, de forma radical; muertos por nuestros pecados....
¿Cómo sentirnos fuertes, poderosos, consolados, confortados, autoglorificados, si sólo somos... humanos?
¡Dios es el Fuerte, Dios es el Consolador, Dios es Quien conforta, Dios es Quien ha de ser glorificado, Dios es Quien ha de PREVALECER en nosotros!
ne praevaleat homo. ¡Exsurge, Domine! ¡Álzate, Señor, en nosotros!
Así y sólo así seremos consolados, confortados, glorificados. Si Tú, Señor, prevaleces, no nosotros. ¡Alabado seas, Señor de cielo y tierra, Redentor y Salvador nuestro! ¡Bendito seas! Porque sólo en Ti somos verdaderamente humanos y es humano cuanto hacemos e ideamos en tu Nombre.
Esta es la esencia del humanismo cristiano.
Pero alguno preguntará:
¡Dios es el Fuerte, Dios es el Consolador, Dios es Quien conforta, Dios es Quien ha de ser glorificado, Dios es Quien ha de PREVALECER en nosotros!
ne praevaleat homo. ¡Exsurge, Domine! ¡Álzate, Señor, en nosotros!
Así y sólo así seremos consolados, confortados, glorificados. Si Tú, Señor, prevaleces, no nosotros. ¡Alabado seas, Señor de cielo y tierra, Redentor y Salvador nuestro! ¡Bendito seas! Porque sólo en Ti somos verdaderamente humanos y es humano cuanto hacemos e ideamos en tu Nombre.
Esta es la esencia del humanismo cristiano.
Pero alguno preguntará:
¿Cómo se alza Dios en nosotros, para que podamos ser verdaderamente nosotros?
Dios se alza en nosotros por Cristo y solamente por Él. Por la Gracia de Cristo Dios se hace fuerte en nosotros, nos conforta, nos hace nacer de nuevo, nos consuela, nos hace ser lo que hemos de ser. Por esta razón que el Magisterio de la Iglesia dice acerca del misterio de lo que somos:
""El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado...
En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado" (Gaudium et Spes, 22).
Dios, para prevalecer en nosotros, se hace verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado.
De esta forma, cuando decirmos a Dios Todopoderoso que prevalezca en nuestra vida, que se alce en nosotros, lo que le estamos diciendo es que sea su Hijo Quien lo haga. Y lo hace por la Iglesia, por su Cuerpo. Sacramentalmente.
Queremos, pues, que Cristo prevalezca sacramentalmente en nosotros, para que en nosotros se esclarezca el misterio de lo que verdadermente somos.
Dios se alza en nosotros por Cristo y solamente por Él. Por la Gracia de Cristo Dios se hace fuerte en nosotros, nos conforta, nos hace nacer de nuevo, nos consuela, nos hace ser lo que hemos de ser. Por esta razón que el Magisterio de la Iglesia dice acerca del misterio de lo que somos:
""El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado...
En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado" (Gaudium et Spes, 22).
Dios, para prevalecer en nosotros, se hace verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado.
De esta forma, cuando decirmos a Dios Todopoderoso que prevalezca en nuestra vida, que se alce en nosotros, lo que le estamos diciendo es que sea su Hijo Quien lo haga. Y lo hace por la Iglesia, por su Cuerpo. Sacramentalmente.
Queremos, pues, que Cristo prevalezca sacramentalmente en nosotros, para que en nosotros se esclarezca el misterio de lo que verdadermente somos.
Porque si Cristo trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, nosotros, si estamos en Él, con Sus fuerzas, podremos trabajar con Sus manos, pensar con Su inteligencia, obrar con Su voluntad identificándonos plenamente con él por la Gracia, de forma que se cumpla en nosotros la Palabra de Dios y digamos con el apóstol:
20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gál 2)
Observa cómo es el ser humano en que lo solamente humano prevalece: una criatura muerta por sus pecados, enferma por el pecado original, terriblemente esclavizada por los deseos de su carne y combatida por el mundo, el demonio y su concupiscencia.
20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gál 2)
Observa cómo es el ser humano en que lo solamente humano prevalece: una criatura muerta por sus pecados, enferma por el pecado original, terriblemente esclavizada por los deseos de su carne y combatida por el mundo, el demonio y su concupiscencia.
Observa sin embargo qué es el ser humano en que lo divino (Cristo) prevalece: una nueva criatura luminosa y eternamente viva por la Gracia de Dios, en la que Dios prevalece para gloria Suya, y que es lo que debe ser: imagen del Hombre celestial que es el Hijo de Dios (1 Cor 15, 47)
Imagen, icono del Hombre Nuevo.
Hombres y mujeres nuevos en su propia esencia por la Vida Nueva de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Él mismo, que es el Alfa y Omega, el principio y fin de todo, se lo dice al ser humano:
Imagen, icono del Hombre Nuevo.
Hombres y mujeres nuevos en su propia esencia por la Vida Nueva de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Él mismo, que es el Alfa y Omega, el principio y fin de todo, se lo dice al ser humano:
"Mira, yo hago nuevas todas las cosas" (Ap 21, 5)
Cristo, el Hijo del Hombre, que es fuerza por la que Dios prevalece y se alza, hace nuevas todas las cosas, y también hace nuevo al hombre, hombre y mujer.
Cristo hace nuevo al ser humano con la fuerza de Dios. Cristo es pues la esencia del humanismo cristiano, que es un humanismo nuevo. Distinto. Radicalmente distinto. Tan distinto que es NUEVO. Porque Cristo hace al hombre y la mujer, en su masculinidad y femineidad concretas y renovadas por la Gracia, nacer de nuevo. Gratuitamente, inmerecidamente.
Por esto mismo el humanismo cristiano habla, ante todo, de Cristo, para esclarecer el misterio del ser humano. El humanismo cristiano no se apoya, no se conforta, no se complace en el estudio del hombre viejo. No quiere que prevalezca el hombre.
Cristo hace nuevo al ser humano con la fuerza de Dios. Cristo es pues la esencia del humanismo cristiano, que es un humanismo nuevo. Distinto. Radicalmente distinto. Tan distinto que es NUEVO. Porque Cristo hace al hombre y la mujer, en su masculinidad y femineidad concretas y renovadas por la Gracia, nacer de nuevo. Gratuitamente, inmerecidamente.
Por esto mismo el humanismo cristiano habla, ante todo, de Cristo, para esclarecer el misterio del ser humano. El humanismo cristiano no se apoya, no se conforta, no se complace en el estudio del hombre viejo. No quiere que prevalezca el hombre.
Mira lo nuevo. Mira a Cristo. Mira al hombre nuevo, imagen del Hombre celestial. Mira que todos los hombres descubran a Cristo para que todos los hombres puedan ser hombres nuevos en que Dios prevalece.
Fíjate cómo nos enseña esto la Escritura:
Isaías 43, 18-19:
18 No se acuerden de las cosas pasadas,
no piensen en las cosas antiguas;
19 yo estoy por hacer algo nuevo:
ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
No nos acordemos del hombre viejo. Cristo nos hacer nacer de nuevo cada día con su Gracia y así y sólo así somos verdaderamente humanos.
Isaías 43, 18-19:
18 No se acuerden de las cosas pasadas,
no piensen en las cosas antiguas;
19 yo estoy por hacer algo nuevo:
ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
No nos acordemos del hombre viejo. Cristo nos hacer nacer de nuevo cada día con su Gracia y así y sólo así somos verdaderamente humanos.
Una cultura nueva, un arte nuevo, un pensamiento nuevo es posible en Cristo. Una cultura en que no prevalece el hombre. Una cultura en la que Dios prevalece en Cristo, por Él y en Él, y que precisamene por ello es verdaderamente humana.
Este es el humanismo en que creemos los cristianos. Por el cual cantamos, a pleno pulmón, y con toda nuestra alma:
Non nobis, Dominem, non nobis, sed Nomine tuo da gloriam.
¡Señor, no a nosotros, no a nosotros, sino a tu Nombre sea dada la Gloria! (Sal 113 b, 1)
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI



