jueves, 27 de mayo de 2010

Cristo, Escucha


Presta oído, Señor, a mis palabras (Sal 5, 2) Quien hace lo malo y aun así tiene valor para decir: presta oído Señor, a mis palabras, ¿puede tener en su corazón la confianza que procede de Aquel que escucha, que sabe escuchar como nadie sabe? No, la falta de confianza agita, preocupa, promueve palabras, peticiones de escucha vacías, fatuas, heladas.

En el fondo preferimos, a veces, que el Señor tenga los oídos cerrados. Que no escuche lo que dice nuestro corazón. Presta oído, Señor a mis palabras. Yo quiero hablar al Señor del clamor de mi corazón, y no me falta confianza en Él aun siendo de barro. En las Escrituras, enseña San Jerónimo, el clamor no es propio de la voz, sino del corazón. Cuando pedimos al Señor que escuche nuestras palabras, nos referimos a las palabras de nuestro corazón, que lo anhela.

Dice el Señor a Moisés: ¿Por qué me andas llamando a gritos? (Éx 14, 15) Quien grita lo hace con la voz, no con el corazón, no con el corazón que mira al corazón de Dios, que es Cristo, el que escucha.

Nosotros queremos clamar a Cristo, enfocar nuestro corazón a Cristo, que escuche la voz de nuestro corazón. La voz de nuestro corazón es la voz de nuestro querer, de nuestra voluntad. Pedimos entonces al Señor querer lo que Él quiere. identificar nuestra voluntad con la suya, que mira a la del Padre. Pedimos que nuestra voluntad hable de cuánto le amamos y queremos imitarle.

Escucha mi voz al amanecer (Sal 5, 4) Cuando la luz comienza, venciendo las tinieblas. Cuando nuestra voluntad se yergue hacia el Espíritu, que es la Luz. Nos escucha cuando vamos a iniciar una buena obra, cuando orientamos la voluntad a Él, cuando el corazón le llama con amor. Y el Señor escucha y envía su fuerza, y ponemos la acción por obra, el corazón contesta y actuamos en Él.

"Tú no eres un Dios a quien le guste la iniquidad" (Sal 5, 5) Nos escucha cuando la luz orienta nuestra voluntad hacia Él. No nos escucharía si no es porque el corazón amanece en Él a través de una buena obra.

En el corazón del que grita no puede habitar la verdad. No es el grito el clamor del corazón que Él escucha. En boca de aquellos no está la verdad (Sal 5, 10). ¿De quien? de aquellos que al llamarle, y piden su escucha, no tienen su voluntad orientada hacia su Amor. Aquellos que piden al Señor les escuche al anochecer, a la hora de su mala acción, le gritarán para obligarle a escuchar.

Alégrense, en cambio, todos aquellos que a la hora del amanecer pusieron en Él su confianza (Sal 5, 12) Pues sin ninguna duda les escuchará.

Alegrémonos a la hora de hacer el bien. Pues Cristo escuchará el clamor de nuestro corazón y nos enviará su fuerza para darle gloria.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Cristo, LLamada


Desde toda la eternidad, Señor, Tú sabías mi nombre. Mira, estoy aquí, escribiéndote, porque me has llamado. Estaba tan tranquilo dejándome llevar por mí mismo como un árbol que camina. Tú me estás siempre llamando. Y me empecino en ser un árbol que camina. y Tú me llamas a dar mucho fruto.

Ya no quiero caminar por el borde del río. Entras en mi casa, me miras. Sígueme, te escucho. Y te sigo. Ya no quiero ser lo que no puedo ser, quiero ser lo que me pidas. Quiero dar mucho fruto y ser un árbol plantado junto al Río de Agua Viva.

Cuando llamas te abro. Podría no abrirte. Pero llamas con tus nudillos y dices mi nombre y ya no puedo querer otra cosa sino abrirte y lanzarme a tus pies. Porque te adoro con profunda reverencia.

¿Quién me ha tocado? (Marcos 5, 30)
Acaso Tú, Señor, ¿no sabías quién te había tocado? Claro que lo sabías. ¿Para qué entonces las buscabas y preguntas quién ha sido? ¿Para qué entonces llamas a mi puerta preguntándome si estoy? ¿No sabes que estoy dentro, que la tengo abierta, que quiero que entres y seguirte? Tú querías que aquella mujer pusiera de manifiesto por sí misma su fe. Quieres que yo te reconozca y te conteste por mí mismo cuanto te amo.

Se postró ante Él y confesó toda la verdad (Marcos 5, 34) Mírame, Señor, mira los pasos que doy. Me es suficiente abrazarme a tus pies y confesarte la verdad: Tú eres mi Señor, mi Salvador. Quien entra en mi casa y lo dejo todo y te sigo... para dar mucho fruto.

Virtud, o el Arte de Vivir rectamente

Hoy se habla mucho de valores.
Pero más importante que los valores son las virtudes.

Los valores son las ideas que las personas tienen de las cosas que son buenas:
solidaridad, fraternidad, paz, bienestar. En su mayoría son situaciones ideales, formas de organizar la sociedad, sentimientos, etc.
Hay valores equivocados: darle excesiva importancia a los placeres de la mesa, a la diversión, al lujo... hay valores que están bien, pero también hay valores equivocados, que perjudican.

Las virtudes son otra cosa.
Las virtudes no son ideas.

Vamos a explicarlo dando un rodeo.

En la vida podemos hacer cosas buenas y cosas malas.
Hacer el bien es bueno. Nos perfecciona. Nos gusta rodearnos de personas que hacen el bien. Nos sentimos bien en su compañía, teniéndolas por amigos a los que acudir.

Hacer el mal es malo. Nos deteriora. No nos gusta rodearnos de personas que hacen el mal. Nos sentimos inseguros en su compañía, inquietos, preocupados. Nos agobia tener por amigos a personas malas.

Hacer el bien es bueno y nos hace buenos.

Pues las virtudes son la fuerza que tenemos para hacer el bien que debemos hacer. Es una fuerza que nos ayuda a :

Decidir bien (prudencia)
Actuar bien en relación a los demás (justicia)
Realizar lo decidido a pesar de posibles temores y obstáculos (fortaleza)
Sentir bien y disfrutar correctamente de las cosas (templaza)

Hacer el bien nos perfecciona.
Las virtudes nos capacitan para hacer el bien y perfeccionarnos: nos proporcionan recursos para decidir y resolver cuestiones correctamente, dar a cada uno lo que le corresponde, resistir en lo debido sin temor y afrontar situaciones difíciles, y moderar nuestro cuerpo para que el alma sea dueña de nuestra vida interior.

martes, 25 de mayo de 2010

Cristo, Fundamento

Cristo es fundamento indestructible. Aquello que edifiquemos, que tenga en Él su cimiento. Aquello que caminemos, que tenga en Él su línea recta, su calzada perfecta. Que aquello que anhelemos construir se fundamente en Él, el Fundamento de todo.

Así todo proyecto se abre a su razón de ser. Encuentra posibilidades, suertes providenciales, cielos azules. Así toda misión descubre su propósito y sus necesidades. Así toda senda torcida adquiere norte y esperanza, y acierta el horizonte al que tender, como un navío a salvo de naufragios.

Pedirle que allane, a su manera, los caminos de nuestro perfeccionamiento. Complana viam tuam coram me (Sal 5, 9) . Es Él quien sabe qué luz tomar, en cada encrucijada. Tiene en su mano la vara de medir, y sabe, mejor que nuestra humanidad, la arquitectura correcta de la calzada perfecta de nuestra corrección, de nuestra reorientación, de nuestra perspectiva.

Unirnos a Él. Con penitencia, mortificaciones luminosas, secretas y escondidas, llenas de gozo. Preparadas por Él, dentro nuestra, en su ardiente Eucaristía cotidiana, principio de nuestra elección.

Nada podremos hacer sin tierra llana en la que dibujar caminos. Trazarlos, con nuestro trabajo sobrenatural, para mayor gloria suya, en un diseño místico, puro, de árbol maravilloso, no de los que caminan, como fantasmas de pecado, como almas huérfanas de bosque azul.

Quando fundamenta evertuntur, iustus quid facere valet? Cuando los fundamentos se destruyen, qué podrá hacer el justo? (Sal 10, 3). Unirnos a Él, identificarnos con Él, que viva en nosotros sólo Él. Y no perderemos el sustrato, caminaremos por la correcta vía del Camino, la que trazó en su centro, dejando a los lados la maleza y el veneno, la hierba venenosa y las pequeñas desviaciones hacia los abismos.

martes, 18 de mayo de 2010

Cristo, Imagen del Padre

La Encarnación del Verbo produce un saltus ontológico, una dimensión absolutamente nueva . Introduce lo divino en la materia misma.

El culto de dulía respeta la sacralidad de la materia sobre la que se cierne el Espíritu.
La materia es buena, todo cuanto hace Dios es bueno. Vemos a Dios tras la materia, (no en la materia, sino tras ella, como Creador) y descubrimos que todo lo creado es bueno y puede servir a Dios. Esto es el culto de dulía, ver las cosas santas, las personas santas como sirvientes de Dios, y respetarlas por ello. . Permite encontrar al Dios tres veces santo detrás de todo lo que existe, y en especial, detrás de todas las cosas santas, que se convierten en signos de Dios.

Las cosas de Dios, las cosas que sirven a Dios, las personas santas que sirven a Dios... a todas debemos venerar, respetar, amar con sentido de dulía. Vivimos en un mundo de entes. Cuando el Espíritu se cierne sobre el ente, el ente queda sacralizado. Al ente sacralizado se le debe respetar en cuanto que sirve de instrumento a Dios.

la Encarnación implica que Dios se une a la materia. Lo cambia todo: el Verbo llega incluso a tocar el cuerpo del creyente en la Santa Eucaristía. La Encarnación del Verbo purifica el mundo de las cosas creadas porque concilia lo divino con la materia, que pasa a ser esclava del poder divino. El culto de dulía es respetar lo sacro, venerarlo como instrumento de Dios, no en sí mismo sino en cuanto instrumento de Dios.

Dulía viene de duleia, servidumbre, derivado de dulos, esclavo. Representa ese amor que debemos tener a todo cuanto SIRVE a Dios, a todo cuanto muestra esa dependencia, esa esclavitud de Dios.

Entre el culto de dulía y el culto de latría existe la misma diferencia que existe entre criatura y Creador. Una diferencia enorme.

Amamos la imagen de la Virgen, pero no le damos el culto que damos al Dios Verdadero. Le damos culto de dulía porque la Virgen, sierva de Dios, nos conduce como instrumento divino a Dios.
La imagen de madera no es la Virgen, representa la Virgen. Vemos a la Virgen como a una criatura de que se sirve Dios para ayudarnos, en este mundo de criaturas, a remontar el vuelo hacia Él. Su imagen sacra nos re-presenta a la Virgen, y la Virgen nos conduce a Aquel a quien miramos, fijos los ojos, a Cristo.

Este respeto a lo santo nada que ver tiene con la idolatría.

Dios Todopoderoso cierne su Espíritu mediante su Voz: dice: Hágase, y se hace.
Es la voz de Dios la que cierne el Espíritu sobre la criatura y la sacraliza. Esa Voz es Cristo.Y al cernir su Espíritu mediante la Palabra, que nombra las cosas y las hace nuevas en Él, sacraliza todo aquello que pronuncia, y todo lo que es cernido espiritualmente, pronunciado por el Verbo de Dios, pasa a ser digno de ser amado como a algo santo, pues de Él procede su novedad, que es esa nueva esencia, su sacralidad.
Ese respeto a lo sacralizado, a esa forma de hacer nuevas (pronunciadas por el Verbo) todas las cosas, ese respeto a todo sobre lo que Dios cierne su Espíritu es el culto de dulía, el amor y veneración a todo de cuanto se sirve Nuestro Señor para atraernos hacia su seno infinitamente amoroso.

Cristo hace nuevas todas las cosas, también las cosas materiales, los elementos, los retratos de los seres queridos, el terreno que pisamos, las imágenes que besamos con inefable amor... Cristo es la Voz de Dios que pronuncia el nombre nuevo de las cosas y al nombrarlas las sacraliza y las hace siervas de Dios.

Cristo hace nueva a la materia misma! Cristo hace nueva la imagen y el ser de todas las cosas sobre la tierra, encaminándolas, en pura servidumbre, a Dios mismo. ¿Cómo no amar y tener en consideración, en sagrada consideración, a todo aquello que Cristo pronuncia y hace nuevo, desde el aceite al agua, desde el fuego del cirio pascual al rosario que apretamos entre los dedos; y en un plano superior, desde los ángeles de luz que le sirven hasta las personas santas de que se sirve en su infinita sabiduría.

domingo, 16 de mayo de 2010

Ofrecimiento a Cristo

Señor, en este día, me entrego como hostia viva a Ti.

Que diga, Señor, lo que Tú quieres que diga.
Que vaya, Señor, donde Tú quieres que vaya.
Que te entregue, Señor, lo que Tú quieres que te entregue.
Que sólo haga, Señor, lo que Tú quieras que haga.

Las imagenes re-presentan

Cristo es la Encarnación de Dios.
Como perfecto hombre, tenía un rostro, un cuerpo, una imagen.
Quien ve a Cristo ve al Padre.
EL Padre puede verse en su Hijo.

En tiempos de la Antigua Alianza Dios no tenía imagen, era invisible.
Por eso no se puede representar aquello que no se ve, porque no tiene imagen.

Los ídolos son imágenes falsas, que no representan nada. Pretenden representar dioses falsos que no existen. Son vacuas, vacías. Por eso el contenido de una imagen idolátrica es ella misma. La imagen del dios Ergun es una imagen falsa, porque no existe un dios llamado Ergun y por tanto esa imagen no representa nada.
La imagen idolátrica no representa nada, porque hace referencia a un dios que no existe. El culto idolátrico da el culto debido al Dios que existe a algo que no existe.

La imagen de Cristo es una imagen verdadera, por re-presenta a Cristo.Si miramos la imagen miramos lo que re-presenta, a Cristo. Y al ver a Cristo vemos a Dios. Cuando beso el crucifijo, beso a lo que representa. No beso la madera porque crea que la madera es Cristo. Beso la cruz de madera porque veo la imagen de aquello que re-presenta en mi mente, es decir, a Cristo.

Si beso la foto de mi querida madre, no beso la hoja de papel, y pienso: soy hijo de una hoja de papel. esta hoja de papel es mi madre. Esto es absurdo. beso a lo que representa la imagen, porque me recuerda a mi madre, me la re-presenta en mi mente.

Las imagenes re-presentan. Nos vuelven a presentar en la mente, vía sensorial, a aquellos que ya no están.

Ningún católico en su sano juicio diría: esta imagen de madera de Cristo me ha redimido. No. Es Cristo el que me ha redimido, re-presentado en mi mente por este vehículo visual que es la imagen.

Cuando miro el retrato al óleo que hice de mi madre, miro a mi madre en él. No pienso: soy hijo de un cuadro al óleo. Pienso: esa imagen al óleo re-presenta en mi mente a mi querida madre. Beso a mi madre, que ya no está, en su foto, pero no creo que la foto es mi madre ni yo sea hijo de una foto.

Existen pueblos que dan a imágenes que no representan nada el culto que deben al Dios verdadero, Dios no invisble, pues tiene imagen, rostro: Cristo. Esto es la idolatría.

sábado, 15 de mayo de 2010

Aquel camino

Aquel camino que tanto me gustaba recorrer del brazo de mi madre, ¡era tan hermoso! Ella me preguntaba siempre, recién andado: ¿adónde llevará? Nunca terminábamos de pasearlo, porque se hacía tarde y yo debía regresar al trabajo. La acompañaba del brazo a la parada del autobús, la besaba, y regresaba por otro camino, el que llevaba al colegio en que impartía clase. Pero aquel senderillo en flor, ¿adónde llevaría?

Los martes por la tarde comíamos juntos. Después de almorzar nos íbamos a dar un paseo por la avenida de palmeras, junto a la playa. Yo le preguntaba: ¿rezamos el Rosario? Ella se me cogía del brazo y paseábamos, y yo rezaba y ella contemplaba al mismo tiempo las barcas dormidas, la arena verde, las redes musgosas y sombrías, las aves plateadas y elegantes de la playa.

Al rato llegábamos al final del paseo, donde empezaba aquel camino de limoneros, magnolios y albaricoques. Y me preguntaba. ¿Adónde llevará este sendero?

Ya es tarde para atravesarlo, decía yo, y regresábamos. La acompañaba a la parada del autobús, y volvía al colegio.

Años después, cuando mi madre murió, volví a aquel sendero. ¿Adónde llevaría? Quise atravesarlo. Iba deslizando entre mis dedos las cuentas negras de su rosario. Cuando llegué a la entrada del sendero, pensé: si mi madre estuviera aquí, en este momento, de mi brazo, me diría: ¡qué bien, hijo, vamos a atravesarlo, a ver donde lleva!

La primera callecita a la derecha, doblando una esquina amarilla de limones, se llega a un magnolio en flor. Luego hay un brazo de arena que surca la playa entre las quillas y costales humeantes de recientes faenas. Varias palmeras más, unas adelfas azules, una pequeña hilera sonrosada de melocotoneros, una encantadora viejecita que vende camarones, y el último tramo. ¿Adónde llevaría?

Madre, este último paso me habría gustado darlo contigo.

Acabo mi Rosario y atravieso el umbral azul del recodo: un banco de madera, unos niños cantando, y un pequeño parquecito de alhucema bravía, olorosa y claustral. Y al fondo del parquecito...una Iglesia!. Parroquia de nuestra Señora del Carmen.

***

Madre, tú te llamabas Carmen. Y mira, este camino llevaba a Nuestra Señora, a tu Madre del Cielo.

Aquel camino llevaba a tu Madre.

Días antes de morir, en tu cama, me pediste la madalla de la Virgen y rezaste conmigo un rato. Yo pasaba las cuentas del rosario de la abuela Juana y te miraba, y me decía al mirarte: pronto descubrirás adónde llevaba aquel sendero en flor.

Y cuando paso, a veces, aquel recodo fresco del camino, siento el perfume de magnolias y limones frescos de huerto de domingo, y pienso:

Este sendero me lleva a ti.



miércoles, 12 de mayo de 2010

Cristo, Fuerza


Impresiona que Aquel que es nuestra fuerza y como Dios todo lo puede, sea el mismo que se ofrece como Cordero.
Cristo es Pan de Fuertes. Se nos da a sí mismo como Pan de Fuertes para fortalecernos, para hacernos invulnerables, de forma que nada temamos.
Impresiona que para tener dentro la fortaleza que comunica el Fuerte, debamos potenciar nuestra propia debilidad, hacernos débiles, hacernos como niños.
Y es que, creyéndonos fuertes por nosotros mismos, somos débiles. Mas confiando en la fortaleza de aquel que es Fuerte, reconociendo nuestra poquedad, nuestra fragilidad, nuestro ser, a duras penas, nosotros mismos; confiando en la Fuerza de Aquel que se nos da como Pan de Fortaleza, somos fuertes, invulnerables, somos más nosotros que nunca. Porque sabemos quienes somos (hijos de Dios) y por quien somos, y por quien tenemos, somos fuertes en Él.
El miedo está relacionado íntimamente con la falta de fe (Mc 4, 37-41) Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe? Nos increpa el Señor. Y con la falta de identidad, que no es sino sentimiento de orfandad.

Descarga en el Señor tus temores, Él te sostendrá con su Pan, no permitirá que el justo vacile (Sal 55, 23) Pero hemos de ser justos, sobrenaturalmente justos. Justos a la manera del Fuerte, que se ofrece, se sacrifica, se da, se hace Cordero. Su justicia es hacerse Cordero, no tigre, ni león, ni fiera. Cordero que renuncia a su fuerza y no se resiste al Padre.

Renunciemos a nuestra fuerza. Guardemos nuestras fuerzas para Dios Todopoderoso, Uno y Trino.
Comencemos por las cosas más pequeñas, por lo poco, que es piedra de toque de la primera fortaleza. Por los detalles, que rompen la rutina. Con nuestra paciencia salvaremos nuestra alma (Lc 21, 19).

No guardemos nuestras fuerzas para nosotros mismos. No queramos asegurarnos. Si me des-aseguro de mí mismo, miro hacia lo alto,y dejo de mirarme; si miro al Sagrario y veo a Aquel cuya Fuerza es mi seguro, podré hallarme, descubrirme. Acceder a la verdadera fortaleza.
Guardemos nuestras fuerzas para recibir su Fuerza. El que ama su vida la pierde (Jn 12, 25). Amemos la Vida de Cristo, para guardar la nuestra.

martes, 11 de mayo de 2010

Cristo, Palabra


Vivimos en un mundo de formas, figuras imprecisas, reflejos de espejos, imágenes sin voz. Las líneas y los volúmenes del mundo nos rodean, nos desbordan. He aquí que, en medio de este mundo de imágenes arrolladoras ( en la red, en la vida real, en el tráfago de los quehaceres y en el trajinar de todos los días); he aquí que Cristo, el Verbo, la Palabra, es imagen perfecta de Dios, icono de lo absoluto, imagen que nos habla, que es Verbo. Cristo es el rostro de la Palabra.

Cristo debe acompañarnos a lo largo del día. Una forma de su presencia es la meditación constante de la Palabra de Dios, de la Sagrada Escritura, de acuerdo al espíritu con que fue escrita, el Espíritu que es amor del Padre y del Hijo, el mismo Espíritu que guía a la Iglesia, icono del Cristo Total.

Memoricemos pasajes, versículos de la Escritura. De los salmos, del Evangelio, de las cartas apostólicas... de todo cuanto podamos aprender. Tenerlo en la mente nos sirva de resorte para que Cristo, la palabra, surja cuando sea necesario, en medio de este torrente de imágenes sin palabras en que vivimos. Y que broten espontáneamente de nuestra memoria a nuestra mente, a nuestros labios, a nuestra voz, y alimenten nuestro día.

Y no dejemos de acudir diariamente a la Fuente, al Río de la Vida, a la Sagrada Liturgia. Allí la Sagrada Escritura, la Santa Biblia, se hace imagen del Pan. Cristo vivo, el Verbo eterno e increado, da vida a la Palabra. Las Escrituras cobran voz humana en la celebración. la palabra increada y eterna se hace audible, penetra en nuestros oídos, en nuestra alma, en todos los resquicios de nuestro ser.

Y Cristo, voz del Padre, se acerca a nuestro cuerpo mismo, a nuestra boca, a nuestra garganta, para hablar por nosotros...

miércoles, 5 de mayo de 2010

Cristo, Hogar

Meterse en el costado de Cristo.
Que nuestros hijos, en casa, nos contemplen muy dentro de Cristo. Que su Palabra esté en nuestra boca:que en las mil y una ocasiones de la vida cotidiana, aquellos versículos, ideas, palabras de Nuestro Señor que hemos aprendido de memoria en la meditación diaria, afloren con naturalidad. Que nuestros hijos la escuchen. Que la Palabra de Cristo esté en nuestra boca.

Si el costado de Cristo es nuestro hogar, también será el hogar de nuestros hijos. Que nos oigan, incluso, cómo pensamos: qué haría el Señor en este caso, en este momento, que quiere Él que yo haga...

Si el costado de Cristo es nuestro refugio, nuestra ciudadela, nuestra roca, nuestro hogar, nada nos hará vacilar. Atravesaremos los muros, penetraremos entre las filas de nuestros enemigos: temores, confusiones, dudas, problemas, enfermedades. Nada nos hará vacilar.

Estar muy metidos en el costado de Cristo, y que nuestros hijos nos vean vivir, hablar, comer, trabajar, reñir, bromear, besar, leer... por Él, con Él y en Él.

Llevamos dentro el sueño de un hogar seguro en que estar a salvo.Ese hogar es el Señor.

lunes, 3 de mayo de 2010

Mártires de la Sagrada Escritura

Los jóvenes esposos Timoteo y Maura sufrieron por Cristo las terribles persecuciones de Diocesano, en el Alto Egipto.

Timoteo era lector en la iglesia de Perapeis. Con su esposa, se entregaba con apasionado ardor al estudio y meditación de las Sagradas Escrituras. El gobernador le ordenó que entregase los libros sagrados para quemarlos públicamente. Timoteo se opuso firmemente a esto.
Con ánimo de hacerle flaquear en su resolución, fue sometido a severas torturas. llamaron a su esposa para que esta lo convenciese, pero ella afirmó a Cristo manifestando su deseo de morir con su esposo. Y así fue, tras nueve días de tormento.

Cristo, Fuente

Mis pecados no deben servirme de excusa para no abrir mi cuerpo y alma al Agua de tu Fuente, Señor.
Mis muchos errores, sombras, distorsiones y disonancias, no me deben apartar de tu Corazón. Porque si busco el manantial que mana de tu Corazón, Señor de la Vida, encontraré el Agua fulgurante y sobrenatural que necesito, el Agua que me sanará.

Incorpórame a ti, úneme a ti, de forma que pueda decir que eres Tú quien vive en mí.

Idéntificame contigo, Señor, introduce tu Agua en mí, que salta hasta la eternidad.

Quiero padecer en mi carne lo que falta a tu padecer, como el Paráclito me dice a través del Apóstol. Mi sufrimiento entreabre la roca de mi corazón. Que surja de allí, Señor, lo que mana de Ti.

Paratum cor meum! Mi corazón está pronto. Mis pecados no deben servirme de excusa. ¡Quiero! A todas horas pienso en ti, una sed arrolladora de tu Palabra me domina. Quédate con mi sed de Ti, Señor, y no tengas en cuanta mi imperfección.

Me ofrezco a Ti, tómame, Señor, y ayúdame a dejar fuera de este ofrenda todo lo oscuro y sombrío que encuentra camino en mí. Yo no lo quiero. Y todo cuanto haga, Señor, que me aleje de tu santo Nombre, aprovéchalo Tú para extraer un agua más pura, como sólo Tú sabes hacerlo.

jueves, 29 de abril de 2010

Cristo, Esposo de la Iglesia


Cristo se designa a sí mismo como "el Esposo" (Marcos 2, 19).
El apóstol presenta a la Iglesia como una Esposa desposada con Cristo el Señor.
Esta relación íntima de Cristo Esposo con su Iglesia Esposa es imagen misma del amor matrimonial: "amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia" (Efesios 5, 25)
Por esta unión, Cristo y su Iglesia se hacen un sólo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo.

Cristo se designa a sí mismo la Verdad (Juan 14, 6).

Unas palabras de santa Juan de Arco a sus jueces resume la fe y expresa el buen sentido del creyente: "De Jesucristo y de la Iglesia, me parece que es todo uno y que no es necesario hacer una dificultad de ello" (Catecismo, 795)

Me parece que todo es uno. Santa Juan de Arco lo expresa a la perfección.

Esa comunión de Cristo y la Iglesia, icono de la unión de los esposos, implica la corporeidad sacramental de la Verdad: la Verdad (Cristo) unida íntimamente a su Cuerpo-Esposa (Iglesia) se hace presencia operante, acción viva. La Verdad actúa, tras la Ascensión del Esposo, a través de su Esposa, de forma sacramental.
***
APARTARSE DEL RÍO DE LA VIDA
Apartarse de esta comunión Esposo-esposa, cristo-Iglesia, comunión que realiza el Espíritu, es apartarse de ese Río de la Vida que mana de esa íntimidad unitiva.
la Verdad, agua viva, que fluye de esa comunión activa y real, llega asaciarnos por vía sacramental. Si nos retiramos de donde mana el Agua de la Vida, la Verdad no puede saciarnos.
Estamos solos. La fuente se seca. Caminamos solos.Ya sólo nos queda la opinión. Aguas estancadas que aparentan el Río de la Vida, pero sólo proporcionan oscuridad.

martes, 27 de abril de 2010

El Río de la Vida


Apenas entrevemos la hondura de la que brota el misterio de la Liturgia. Vamos a la Casa de Dios a beber de su agua cristalina. Vamos a la fuente a beber el agua que salva, que es Cristo.

Este Misterio caminó un día entre nosotros. Hizo llenar a rebosar las redes de los pescadores, dio de comer a la multitud, sanó a quien creyó. La Liturgia concibe, por la acción concreta del Espíritu, el mismo sendero de la Cruz, de cuyas piedras brota el agua de este Río.

La liturgia es más, mucho más que nuestra celebración. La Liturgia es celebrada junto al Padre por Cristo, en el Espíritu, con los santos y los ángeles en la Casa Total, prefigurada en esa casa de piedra que es la iglesia, y que es más, mucho más que una iglesia.




Un paso más


Llevamos el deseo de hogar con nosotros. Como una especie de segunda corporeidad, nuestro hogar es más que una casa, es un espacio más de nuestro cuerpo y nuestra alma, donde vivimos, amamos, trabajamos, comemos, dormimos, sufrimos. El hogar se vuelve espacio humano, espacio espiritual. Siempre espera a sus moradores.

La iglesia de piedra o ladrillo donde entramos a rezar es más que un espacio de piedra o ladrillo. Durante la Liturgia, es hogar de la Santísima Trinidad. Durante la Liturgia, somos también sus moradores, toda la iglesia, visible e invisible, lo es. Es el hogar de lo eterno, concentrado en un punto del altar. Es el icono mismo de la Casa del Padre, aquí en la tierra. La iglesia misma celebrando la Liturgia es el icono del Cristo total.

Es un hogar sacramental, un espacio que no es espacio, un puente sagrado que une cielo y tierra. Todos los espacios del universo se conciertan en su centro, el Sagrario, en que el Morador de la Casa nos espera y nos ama, en puro Sacrificio.

Un paso más, y somos, nosotros mismos, su casa. Por acción divina, el Morador de la iglesia mora en nuestro cuerpo, y nos hace, por su Gracia, su hogar latiente. Cristo mora en nosotros por la Gracia eucarística. Nuestro cuerpo, ya, no es sólo espacio que espera a su Morador, es hogar de Aquel que es, al mismo tiempo, centro de la Iglesia, centro de nuestro hogar. centro de nuestro cuerpo y nuestra alma. Y Cristo nos hace centro mismo del tiempo y del espacio e iglesia viviente.

Y cuando abandonamos la iglesia y su espacio, la abandonamos como hogares de Aquel que la habita inefablemente. La Liturgia, entonces, se prolonga a los espacios que pisamos, a los lugares a los que vamos, caminando con Él.

lunes, 19 de abril de 2010

Seguridades humanas


El salto de la fe. No hace mucho leí en el blog de Longinos algo sobre este tema que me pareció muy acertado. Al releerlo, he descubierto qué es lo que me pareció especialmente acertado, aunque en un primer momento no supe decirlo.
Creo que más o menos es esta idea, muy importante:

A menudo, nuestra necesidad de comprenderlo todo no es más que una muestra de nuestra incapacidad de abandonarnos en Dios. No podremos gozar de la auténtica libertad interior de hijos de Dios si no nos liberamos previamente del deseo de apoyarnos en seguridades humanas para confiar en Dios.

Incluso la confianza puramente subjetiva en Dios, directamente, sin iglesia, es una seguridad humana, pues es una forma de decir: antes de confiar en otros (la Iglesia) prefiero confiar en mí, que me conozco. Es decir, la desconfianza de la Iglesia, como Madre y Maestra, no es más que una muestra más de falta de libertad interior, de necesidad de fiarme sólo de mí mismo.

Pero así no seremos libres.

sábado, 17 de abril de 2010

Un pequeño lugar del mundo


La enfermería, el claustro, la lavandería, el pequeñito jardín de castaños... un diminuto, pobre lugar del mundo. A muchos hundiría en la rutina. Los malos modos de algunas hermanas, las manchas de humedad que hay que limpiar, los mismos trabajos de todos los días... La pobreza del mundo físico donde vivía Santa Teresa del Niño Jesús sorprende por su poquedad. Pero en este espacio gris lo que se despliega ante nuestros ojos no es una vida rutinaria y gris. Es un vida abierta a horizontes infinitos, derramada en torrentes de Gracia y abismos de Amor, un vida inmensa como un océano de luz, pletórica de gozo interior y luminosa plenitud.

Sorprende el heroísmo de esta pequeña muchacha. Camina entre paredes pequeñas como un gran guerrero entre los muros de una ciudad medieval, dispuesta a conquistar nuesvos espacios para Cristo, allende los mares. En un diminuto jardín conventual, entre las plantas humildes de verde rutinario, se entreabren al Cielo catedrales de Caridad.

Hay mucho que aprender de esta Doctora de la Iglesia. No es un sabio catedrático de teología, ni un erudito políglota, ni un sabio de los que el mundo honra en las actas de los Congresos y las Academias. Es una simple muchacha que lava la ropa en un pequeño lugar del mundo.
Pero es Doctora de la Iglesia, porque quería ser como un niño.
En la finitud del espacio que nos rodea. Aquí es donde debemos alcanzar esa pletórica vida interior. Abiertos a horizontes infinitamente dilatados, urgidos por Cristo a lanzarnos más allá de las fronteras de los números y los tonos grises. Allá donde se conciertan todos los acordes, en el abismo de Amor del corazón de Cristo.
Aparentemente, seremos como todos. Estaremos en las mismas colas de los supermercados, los mismos atascos del centro de la ciudad, los mismos escenarios del mundo prosaico. Pero en todos los espcios del gris de este mundo, nuestra voluntad estará movida y orientada por el Verbo y potenciada por su Luz: unidos a Él, allá donde estemos habrá un puente hacia lo Absoluto. Allá donde estemos se abrirán todos los mares a nuestro paso hacia el Costado de Cristo. Y nada será igual.

jueves, 15 de abril de 2010


He estado releyendo algunas cosas sobre la biología de pyrrochoris apterus, la chinche de las malvas. Comencé a interesarme por este hemíptero en el campo de la hermana de mi esposa. Las niñas lo traían en las manos y decían: mira, papa, he cogido una mariquita! Al principio, al verlo, pensé que era un coleóptero, pero al comprobar que el campo está lleno de malva silvestre, pensé que podía ser esta chinche. Luego, en casa, lo confirmé. Su diseño me recuerda al escudo carmelitano. En general, es un insecto beneficioso. A finales de febrero sale de sus refugios y se dispersa entre las hojas y flores de la malva. En otoño se reune en grandes comunidades para invernar. Tiene hábitos eusociales. Los artejos de las antenas son especialmente elegantes, largos y esbeltos. En el camino del colegio, juanto al muro del jardín, me entretuve observando varios en la palma de mi mano. Los deposité sobre mi cuaderno de dibujo e hice algunos trazos. Esta chinche, como otros hemípteros, tienes hábitos canívales.

La violencia de unos individuos contra otros de una misma especie. El deterioro sustancial de la naturaleza creada se observa a todos los niveles. Junto a la belleza, coexiste el mal.

La belleza, sin embargo, es desbordante y gratuita, desbordando el concepto utilitarista de selección natural. Dios es artista supremo. En algunas criaturas derrocha formas fabulosas, barrocas. El desarrollo de diseños exuberantes no puede explicarse únicamente en términos de utilidad biológica. El desarrollo del pronoto, por ejemplo, de los membrácidos, demuestra la gratuidad de las formas: existen criaturas cuya belleza es puro goce, puro arte divino.

Asimismo, existen criaturas cuya morfología parece contradecir sus necesidades biológicas. El barroquismo corporal merma la eficacia. Criaturas surrealistas, extrañas, misteriosas, extaídas de un cuento fatástico. Es el caso, por ejemplo, de Gargara genistae, membrácido sobre el que hice un trabajo cursando la asigntura de entomología.

La existencia de una disciplina como la teología natural favorecía la investigación, entre otras cosas, de la presencia del bien y del mal en la etología de los seres vivos, incluso de las plantas. Ante el declive de esta disciplina, pienso la posibilidad de una morfología metafísica de los seres vivos. A esto se dedicó, por ejemplo, Ernst Jünger, escritor, filósofo, botánico y entomólogo

Un primer estudio de morfología metafísica podría tratar sobre la relación que existe entre el exoesqueleto de los insectos y las construcciones y productos de la técnica. Llegará un día en que el ser humano se relacione con los sistemas tecnológicos que usa para desplazarse, trabajar, crear, o incluso entretenerse, cada vez más ligados a su fisiología, como los insectos usan su armadura de quitina.






domingo, 11 de abril de 2010

Elogio de la Conciencia. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI


Entresaco algunas frases importantes, que me han impresionado, de este inteligentísimo libro.

La Iglesia no fue creada para sí misma, sino que existe para ser el ojo a través del cual nos llega la luz de Dios; para ser la lengua que habla de Dios (pág. 134)

De ahí que esta predicación sea anuncio del Juicio, anuncio de nuestra responsabilidad. El hombre no puede hacer o dejar de hacer lo que le apetece. Será juzgado. Ha de rendir cuentas. (...) De este modo, el artículo de fe sobre el Juicio, su fuerza formativa de las conciencias, constituye un acontecimiento central del Evangelio, además de ser realmente una buena nueva.
Pág. 131

Nuestro modo de celebrar la Liturgia es con frecuencia demasiado racionalista. La liturgia se convierte en enseñanza, cuyo criterio es hacerse entender. (...) En el mundo actual tenemos necesidad precisamente de silencio, del misterio supraindividual, de la belleza (pág. 128)

El recurso al argumento del deber de seguir la propia conciencia no puede legitimar el disenso. Ante todo, porque ese deber se ejerce cuando la conciencia ilumina el juicio práctico en vista de la toma de una decisión, mientras que aquí (en el disenso doctrinal) se trata de la verdad de un enunciado doctrinal. (...) La recta conciencia del teólogo católico supone, consecuentemente, la fe en la palabra de Dios, cuyas riquezas debe penetrar, pero también en el amor a la Iglesia, de la que ha recibido su misión, y el respeto al Magisterio asistido por Dios (...) Separarse de los pastores que velan por mantener viva la tradición apostólica es comprometer irreparablemente el nexo mismo con Cristo. (Pág. 114)

La libertad del acto de fe no justifica el derecho al disenso. (Pág. 112)

No se puede apelar a los derechos humanos para oponerse a las intervenciones del Magisterio (Pág. 113)

Cuando el Magisterio de la Iglesia se pronuncia de modo infalible declarando solemnemente que una doctrina está contenida en la Revelación, la adhesión que se pide es la de la fe teologal (Pág. 104)

Podemos decir que la raíz última del odio y los ataques contra la vida humana es la pérdida de Dios (Pág. 50) En mi propia opinión: esto apoya la consideración de las víctimas del aborto como verdaderos mártires, tal y como hablamos Longinos y yo hace unas semanas.

Se ponen así de manifiesto dos criterios para discernir la presencia de una auténtica voz de la conciencia: que no coincida con los propios deseos y gustos, y que no se identifique con lo que resulta socialmente más ventajoso (Pág 22)

Una firme convicción subjetiva y la consecuente ausencia de dudas y de escrúpulos no justifica en absoluto al hombre (Pág. 14)

Podría citar cientos de ideas más, a cada cual más rica y provechosa.