sábado, 21 de junio de 2014

Contempla su Hermosura, I

Recojo aquí algunos pensamientos espirituales de los que he ido publicando en las redes, como parte de la gracia del apostolado a que el Espíritu Santo nos mueve, en la Iglesia de hoy.

Los iré publicando de diez en diez, si Dios quiere. Espero que os animen a vivir vuestra vida cristiana y a centraros en el Señor.


I. Realiza gratis en tu vida las obras del Padre

II. La oración te hará cruzar el límite, para que todo lo que hagas por Cristo te parezca poco

       III. El camino pasa por una gran abnegación en la caridad, para poner la gracia a trabajar

IV. Pidamos a Dios con insistencia la gracia de un apostolado desinhibido, abierto, fervoroso, flexible, alegre,  ¡de fuego!

V. No te extrañe que el Señor quiera quebrantarte y romperte en mil pedacitos, para reconstruirte a su manera, y hacer algo grande contigo.

VI. El Espíritu Santo, a través de la Iglesia,  nos mueve a penitencia, para rehacernos a hechura del Hijo del Hombre.

VII. Qué bella es la Esposa. Lo visible y lo invisible se unen en su Misterio, a hechura de la Encarnación de su Esposo, el Señor.

VIII.Quiere el Señor con su gracia reducir a la  nada a nuestro hombre carnal, para hacerse todo en nosotros, y que nazcamos de nuevo

IX. El Espíritu Santo te mueve a descubrir tu absoluta incapacidad para ser santo, y la absoluta capacidad del Señor para santificarte


X. El Señor se transfigura para que miremos su Hermosura, y su belleza nos toque, y con su tacto nos rehaga a su hechura

jueves, 5 de junio de 2014

Siempre

Parece que la ayuda de Dios no ha de ser implorada siempre, porque hay acciones saludables que podemos hacer por nosotros mismos con nuestras solas fuerzas naturales. Y que por eso es mejor pedir auxilio al Señor solamente para las cosas difíciles.

Por el contrario, sin Él nada podemos hacer (Jn 15, 5). Absolutamente ninguna obra saludable podemos realizar sin el auxilio de la gracia.

Concilio de Orange. Can. 10. Sobre la ayuda de Dios. La ayuda de Dios ha de ser implorada siempre aun por los renacidos y sanados, para que puedan llegar a buen fin o perseverar en la buena obra.

martes, 3 de junio de 2014

Parece que Dios espera

Parece que Dios espera a que le abramos la puerta, y se disponga por sí sola nuestra voluntad a recibirle.

Por el contrario, el Señor no sólo no espera, sino que prepara nuestra voluntad y la cambia de mala en buena, y le da la fuerza para oírle llamar y le queramos abrir y de hecho le abramos.

Concilio de Orange, Can. 4. Si alguno porfía que Dios espera nuestra voluntad para limpiarnos del pecado, y no confiesa que aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo, resiste al mismo Espíritu Santo que por Salomón dice: Es preparada la voluntad por el Señor [Prov. 8, 35: LXX], y al Apóstol que saludablemente predica: Dios es el que obra en nosotros el querer y el acabar, según su beneplácito [Phil. 2, 13].

María y el sentido común

Me agrada dialogar con los hermanos evangélicos, porque siempre me agrada ser instrumento de conversión a la Iglesia, de vuelta al Hogar, a la plenitud de los medios salvíficos.

Pienso que hablamos poco con los hermanos separados.  Pero la Iglesia nos envía  a un diálogo en Cristo con ellos; abierto, flexible, alegre, con cierto desenfado, y profundo. El Cuerpo del Señor, herido, espera que demos nosotros el primer paso.
A menudo, en estos diálogos, ha salido el tema de la Madre de Dios, nuestra mamá en la gracia. Y debo confesar que, cuando los hermanos separados me han pedido razones del papel que damos a María en nuestra vida cristiana, hay un argumento que me ha ayudado mucho, y creo que a ellos también.
Es un argumento que podríamos llamar de sentido común. Y por ser de sentido común, muy cristocéntrico, puesto que todo lo sensato es esbozo del logos, como diría Chesterton.
El argumento es simple. Os invito a utilizarlo en vuestros encuentros con evangélicos; me parece irrefutable, potente, dulce, tranquilizador. De sentido común. Y es el siguiente:
Los cristianos honramos y veneramos a María  para imitar a Jesús.
Sí. Amando a María, venerando a María, honrando a María, imitamos a Jesús, nos configuramos a Él y tenemos sus mismos sentimientos, como quiere el Apóstol en Filpenses 2, 5
Y es que Jesús honraba y veneraba a su Madre, porque Jesús cumplía a la perfección el cuarto mandamiento de la ley de Dios, que dice: honrarás a tu padre y a tu madre.
¿O es que acaso el Señor iba a incumplir el cuarto mandamiento? No, Jesús cumplía muy bien el cuarto mandamiento, honrando, venerando, respetando y obedeciendo a su Madre, la Santísima Virgen. Y por eso nosotros honramos y veneramos a la Madre del Señor, porque imitamos a Cristo honrando a quien Él honra.
Scott Hann expone este bello argumento en la pág. 85 de “Roma, dulce hogar“, y añade que la palabra hebrea para honrar, kabodah, significa también glorificar. Así, honramos con gloria a la Madre del Señor, porque Él mismo lo hacía así, en orden al cuarto mandamiento de la ley de Dios, que Él cumplía a las mil maravillas, mucho mejor que nosotros.
¡Bendiciones!
ALONSO GRACIÁN

sábado, 31 de mayo de 2014

Que primero es la gracia

Parece que la gracia puede ser buscada y hallada por iniciativa del ser humano, y que por ello es el ser humano quien primero busca y halla y luego viene la gracia.

Por el contrarioes la gracia misma la que mueve al ser humano a buscarla libremente y hallarla.

"Si alguno dice que la gracia de Dios puede conferirse por invocación humana, y no que la misma gracia hace que sea invocado por nosotros, contradice al profeta Isaías o al Apóstol, que dice lo mismo: He sido encontrado por los que no me buscaban; manifiestamente aparecí a quienes por mí no preguntaban [Rom. 10, 20; cf. Is. 65, l]." (Denz  176)

Parece que somos nosotros los que comenzamos la obra buena, y luego la gracia nos ayuda y Dios nos confirma en nuestra iniciativa personal.

Por el contrario,  no somos nosotros los que comenzamos nuestra obra buena, sino el Señor, que sin preceder mérito nuestro, da comienzo en nosotros y con nosotros nuestra acción libre y saludable.

"También profesamos y creemos saludablemente que en toda obra buena, no empezamos nosotros y luego somos ayudados por la misericordia de Dios, sino que El nos inspira primero -- sin que preceda merecimiento bueno alguno de nuestra parte -- la fe y el amor a El, para que busquemos fielmente el sacramento del bautismo, y para que después del bautismo, con ayuda suya, podamos cumplir lo que a El agrada. De ahí que ha de creerse de toda evidencia que aquella tan maravillosa fe del ladrón a quien el Señor llamó a la patria del paraíso (Lc 23,43), y la del centurión Cornelio, a quien fué enviado un ángel (Ac 10,3) y la de Zaqueo, que mereció hospedar al Señor mismo (Lc 19,6), no les vino de la naturaleza, sino que fué don de la liberalidad divina." (Denz 200)

viernes, 8 de noviembre de 2013

De conversiones perrunas y el apostolado eficaz de los santos

Hay apostolados que abren la inteligencia incluso de las criaturas no racionales, como los perros, los gatos, los cuervos, los leones, los asnos, los gorriones, las golondrinas, los cenutrios y los teólogos inmanentistas.

Es un apostolado que podemos calificar de "dilatador de horizontes". Es tal la gracia, que la tierra misma se abre como un útero y deja de gemir, porque ha dado a luz una conversión.

Es el apostolado eficaz de los santos. Dios actúa.

El universo entero queda convertido y transformado en primicia, anticipando la Tierra Nueva. La oveja perdida es encontrada junto al precipicio, en que no ha caído. Y la moneda que se perdió, se halló por fin, tal vez en la cocina, junto a la comida del perro.

La santidad es la clave en la N.E.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Cristianismo en OFF

Nos educaron en un cristianismo que estaba en OFF toda la semana, hasta que llegaba el domingo a la hora de la misa

Por eso no nos extraña que en España se perdiera la fe de esta manera. 

Porque un cristianismo que está en ON sólo tres cuartos de hora a la semana, no puede permanecer mucho tiempo sin estropearse

domingo, 14 de julio de 2013

La Gloria del Vivente


El niño camina junto al olivo blanco. Sabe que la Fuente está cerca. Y cuando palpa los frutos el camino se le abre y resplandece el Monte de la Gracia.

Junto al brocal del pozo azul, dan fruto los olivos y las hierbas de perfume. Donde el Maestro pide agua, y Él mismo es el pozo. Y alrededor las vides y el trigo del Monte Esplendoroso cantan la gloria del Viviente

Los olivos transfigurados, para el Sacramento, son elevados hacia su propio Aceite.

Del Monte Transfigurado mana el agua de la belleza y la sangre de todos los bienes, y refulgen con el blancor nunca visto del Verdadero, del Bello, del Viviente.

Aceite de olivos imperecederos, bajo apariencia de simple aceite verde.
 Olivos de la ladera del Monte Transfigurado, redivivos en árboles presentes.

viernes, 24 de mayo de 2013

Hacia la otra luz

 
El Padre no nos abandona hundidos en los pantanos
 
El pecado nos arrastra hacia el mundo tenebroso, pero la mano poderosa del Hijo del Hombre siempre está tendida, esperando la nuestra, queriendo mover la nuestra, hacia la otra luz
 
Pedimos al Padre la llegada de su mundo esplendoroso y blanco, a modo de primicia
 
Vemos a lo lejos las torres blancas y esbeltas del Reino divino, y anhelamos habitarlo plenamente, y no sólo transitar sus puentes anticipados, sobre el río de la vida
 
 

martes, 7 de mayo de 2013

El arcano de la Liturgia


Que algo que sucedió en los abismos del tiempo, se haga presente y operante en este momento, sólo es posible en la Liturgia.

El Mito se ha vuelto innecesario como vía de acceso al Logos. Para eso crece hacia el pasado y hacia el futuro la Liturgia Divina, que contiene lo inefable de lo mítico como sustrato natural.  

Es la memoria potente de la celebración, que atraviesa milenios, y hace surgir de la oscura sima del misterio los planes mismos de la misericordia de Dios.

La Liturgia celebra y pone en práctica las buenas ideas del Logos. Solamente ella es capaz de decir y de mostrar a la vez el orden de la gracia.

Lo ancestral de la naturaleza humana, que antes era imaginado en los mitos, ahora es recreado en la Liturgia de la Iglesia, que reaviva lo ancestral, y cuando recuerda y representa lo sobrenatural gratuito, hace brotar de nuevo el arcano.

La Liturgia es memoria tan potente, que recordando lo sobrenatural, hace presente para nosotros incluso los arcanos más profundos, donde mora lo ancestral.

Las rúbricas son a las nígricas como el vaso a un agua que siempre rebosa.

La Liturgia celestial horada nuestra vida terrena y hace un surco en ella, en que siembra el Espíritu Santo

La Liturgia no cabe en el Rito, rebosa en nuestra vida, desborda el comienzo y el final de la celebración y va más allá, viniendo desde el principio.

lunes, 29 de abril de 2013

La niña cansada y el Hijo del Hombre

La niña pasaba cargada de fruta, bajo el sol ardiente, junto al estruendoso parque infantil.

La niña cansada que cargaba fruta y verduras para la tienda de su padre, contemplaría al Señor tal vez, que la consolaría indeciblemente saliéndole al paso, con su mirada, su abrazo, sus manos de Espíritu


Durante la vida de Jesús en este mundo, muchos niños pasarían a su lado y serían inefablemente confortados por Él. 


Y ya siempre le recordarían mientras vivieran

lunes, 22 de abril de 2013

Si Dios no amara a nadie, como dice Spinoza

Si Dios no amara a nadie, como dice Spinoza, 

el mundo entero se derrumbaría inmediatamente, y la Creación misma quedaría pulverizada a la nada.

Y todo daría igual y el mal reinaría indefectiblemente:

Todas las ovejas perdidas del rebaño humano se despeñarían en el abismo, inevitablemente, y sucumbirían a las fauces de las alimañas.

Ay, la tesis del postmodernismo sería cierta: nada vale nada. ¡Y todo vale!

Pero Spinoza no tuvo en cuenta un dato transcendente y relevante: 

que nuestra razón iluminada por la fe, y auxiliada amorosamente por la gracia, nos dice que Dios nos ama, y tanto, 

que Jesucristo, su Hijo, el Buen Pastor, se ha dejado martirizar en la cruz para  guiar con su Espíritu  a sus ovejas descarriadas.

Para enseñarnos que Dios es un Padre que está loco por vernos regresar, y que nos comería a besos si le dejáramos. 

Ay, si Dios no amara a nadie, como intenta demostrar la metafísica de Spinoza, tú no estarías leyendo esto, ni yo escribiéndolo con lágrimas en los ojos, hoy, que he comprobado cuánto, y cuánto, Dios nos ama.

sábado, 26 de enero de 2013

Que la Ley Natural no se defiende sola -si la partimos

Se da entre buenos cristianos, comprometidos con la causa de la vida, la familia, y otros aspectos de la defensa de la Ley Natural,
 
una obsesión por parecer neutrales, por no hablar de Dios ni de nada sobrenatural, por no orar públicamente, por limitar la cuestión al plano exclusivo de los valores morales, como si la apertura a la vida, el matrimonio, los métodos  de paternidad responsable (que no de anticoncepción), etc., se defendieran solos, por sí mismos.
 
Pero hemos de tener en cuenta algo que, en esta cuestión, es transcendental:
 
Que la Ley Natural no se defiende sola, lo demuestra el estado de la cultura de la muerte, masiva en nuestra sociedad postmoderna: ha rechazado a Dios Creador  y, con este rechazo, la primera perjudicada ha sido la Ley Natural: la familia, el matrimonio, los enfermos, los nonatos..... Luego no se defiende sola sin Dios

El conocimiento y amor de Dios pertenecen a la misma Ley Natural. Luego excluir a Dios de la defensa de la Ley Natural no es defender la ley Natural, sino parte de la misma, que queda mutilada. Sin su fundamento divino, la Ley se convierte en ética. Y la ética, hermanos, no tiene el poder de Dios.

Luego si hacemos una defensa de la ley Natural en la que Dios está ausente, (bajo la excusa de un apostolado más eficaz ¡!, para llegar a más gente, para no molestar o alejar a los que aborrecen a Dios, etc.) excluímos a Dios de nuestro apostolado, y hacer apostolado sin el apoyo de Dios no es buena cosa.

Conclusión: la familia, el no nacido, el matrimonio, etc., no defienden por sí solos. Hace falta Dios explícito, presente. Porque Dios es el fundamento de la misma ley Natural.

Sin Dios, todo queda reducido a una cuestión de valores

 Y los valores, ya se sabe, se los lleva el viento, como palabras humanas que son.

jueves, 17 de enero de 2013

De absurdos apostolados y bocas cerradas


Un cristiano que, en un mundo como el actual, no hace apostolado explícito de Cristo y del poder de Dios,
 
me parece que es un cristiano absurdo, que cree que es mejor tener la boca cerrada que predicar la Palabra de Vida,
 
o que tal vez confía más en el no-poder, o en la sabiduría de psicólogos o moralistas de universidad.
 
Un apostolado basado en valores, autoestima, buenos propósitos, o planes de vida moralistas y perfectos, es un absurdo.
 
Porque no somos santos por los valores, ni por el plan de vida, sino por la acción profunda del Espíritu Santo.
 
El Nombre de Jesús no puede callarse, hermanos, para que sean pronunciados los nombres de los valores humanos, del deporte o de las falsas promesas de la ética en este mundo tenebroso, donde la ley Natural es sombra pisada y pisoteada .
 
Abramos la boca, pues, y pronunciemos el Nombre que está sobre todo nombre, para que hable Dios a través de nosotros.

miércoles, 9 de enero de 2013

No conocemos cómo era la desnudez en el estado originario. Sólo conocemos la desnudez en el estado caído, que es fuente de vergüenza y herida de la concupiscencia.

Por esto, no podemos decir que en la gloria habrá desnudez tal y como conocemos la desnudez, ni que el problema sea sólo nuestra mirada, pues el mundo creado entero fue desordenado, no sólo nuestra mirada, sino el mismo orden creatural

Es decir, que la desnudez, tal y como la conocemos, es propia del mundo caído y no del mundo en santidad.

domingo, 16 de diciembre de 2012

jueves, 13 de diciembre de 2012

Reduciendo las cosas a nada más que sí mismas

Foto: Un magnífico boceto rápido del Liber Veritatis, dibujado por el gran Claudio de Lorena.

La verdad ontológica es participación de la Idea divina,
 
y no reside en la cosa concreta, sino en su participación, que la hace signo de la misma idea.
 
Reducir las cosas a nada más que sí mismas, y negarles su participación en la Verdad del numen divino, es el principio de la secularización. (Era el proyecto de Nietzche)

En este sentido, secularización es lo mismo que desontologización.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Irresistible por eficaz

¿Qué adjetivo es más adecuado para la gracia que no falla, "irresistible", o "eficaz"?

La gracia que no falla no es irresistible en el sentido de no poder ser rechazada debido al estado depravado de la voluntad, como sostiene la teología calvinista.

La gracia que no falla es irresistible en el sentido de que siempre se acoge libremente, porque habilita y fortalece de tal manera la libertad, que ésta siempre la recibe.

Por tanto, mejor que decir irresistible es decir eficaz. Porque la razón de no ser nunca resistida, aun pudiendo serlo, es positiva: la libertad infaliblemente perfeccionada para el caso.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Haciendo también apostolado de la razón natural

La razón no es prisionera de su propio lenguaje, como creía Heidegger, de forma que nuestra capacidad para pensar a Dios transcendente está limitada por sí misma, y encerrada en su propia inmanencia -como opina el teólogo Chauvet.

No. El enemigo de la razón no es su lenguaje, sino el pecado, que la ofusca, y la vuelve oscura.

La razón natural es capaz de alcanzar a Dios por su propia potencialidad, y no es víctima de sí misma sino del mal que la confunde.

Doctrina de la Iglesia sobre las Obras explicada por Cayetano

A continuación, exponemos la doctrina verdadera acerca de la relación entre las obras y el mérito en la explicación bellísima del Cardenal Cayetano, 1532, primera parte.

Sobre las ObrasPostura de los luteranos sobre las obrasPositio Lutheranorum de operibus


Enseñan los luteranos que nuestras obras no merecen ni la gracia ni la vida eterna, ni satisfacen tampoco por los pecados, porque Cristo nos mereció muy suficientemente la gracia de la remisión de los pecados y de la vida eterna y satisfizo muy suficientemente por todos. Por eso, no es lícito decir que nuestras obras merecen la gracia (o remisión de los pecados), ni la vida eterna, ni que satisfacen por nuestros pecados. Decir eso sería hacer un agravio a Cristo, pues es una blasfemia atribuirnos a nosotros mismos lo que es propio de Cristo, y sería quitarle valor al mérito satisfactorio de Cristo, ya que si le hiciesen falta nuestros méritos y satisfacciones, sería insuficiente. Apoyan esta afirmación con muchos textos de la Sagrada Escritura. En primer lugar, prueban que nuestras obras no merecen la remisión de los pecados con lo que dice San Pablo a los Romanos y a los Gálatas, de que no somos justificados por las obras sino por la fe, según lo que dice Abaduc 2, 4: el justo vivirá de la fe.
Y luego con lo que le escribe a Tito [3, 5]: nos salvó no por las obras de justicia que hicimos, sino según su misericordia, y con lo que les escribe a los Efesios 2, 8:con la gracia habéis sido salvados por la fe, y eso no por vosotros sino que es un don de Dios, y no por las obras, para que nadie se enorgullezca.
Que no merecemos la salvación por las obras sino por un don de Dios, se apoya en lo escrito a los Romanos 6, 23: la paga del pecado es la muerte y la vida eterna es un don de Dios.
Y para lo mismo y para probar igualmente que las obras, por muy justos que seamos, no satisfacen por los pecados, se añade aquello de San Lucas 17, 10: cuando hayáis hecho todo lo que os está mandado, decid siervos inútiles solitos, "hicimos lo que teníamos que hacer".
Si los que hacen todo lo que Cristo les manda son siervos inútiles, no merecen entonces recompensa; y por lo tanto, mucho más inútiles serán para satisfacer los que no han guardado todos los demás mandamientos sino que necesitan satisfacción por sus pecados.

En cuanto a los textos con los que se manifiesta la suficiencia del mérito de satisfacción de Cristo para nosotros, podemos omitirlos porque en esto no hay discusión.
Por consiguiente: los luteranos enseñan que hay que practicar las buenas obras porque han sido mandadas por Dios y porque son frutos de la fe que justifica, no porque merezcan para la vida eterna ni porque sean satisfactorias por los pecados.

Qué se entiende por ‘mérito’ y de qué modo se entiende en el tema que tratamos
Quid et quomodo intelligatur meritum in proposito

Antes de declarar si nuestras obras son o no meritorias, hay que explicar brevemente qué significa el «mérito» y cómo entienden los teólogos que se dé en nuestras obras según el tema que tratamos. Se llama mérito a la obra voluntaria, tanto interna como externa, a la que en justicia se le debe una retribución o premio, según dice el Apóstol a los Rom. 4, 4: al que obra, la retribución no se le imputa como un favor sino como algo que se le debe.

El mérito supone entonces cuatro cosas, a saber: la persona que merece; la obra voluntaria, que es el mismo mérito; la retribución debida al mérito; y la persona que da la retribución, pues en vano merecería alguien si no mereciese de alguna persona la retribución que se le debe dar. Y corno aquí se trata de nuestro mérito ante Dios, hay que explicar como es que los hombres merecen de parte de Dios una retribución por su obra.

Parece difícil que en justicia Dios le deba una retribución a nuestra obra, porque entre nosotros y Dios no hay relación de justicia en sentido simple y absoluto, según aquello: No entres en juicio con tu siervo, Señor [Sal. 142, 2], sino que la relación de justicia se da sólo en cierto modo, mucho menor que la que hay del hijo hacia su padre o de un esclavo hacia su dueño, puesto que nosotros somos más pequeños en relación a Dios que un esclavo humano en relación a su dueño humano, o que el hijo en relación al padre que lo engendró según la carne. Por eso, si es cierto, como se dice en el libro 5 de la Etica, que entre el esclavo y su dueño, y el padre y su hijo, no hay una relación de justicia sencilla y absolutamente sino sólo en cierto modo, mucho menos la habrá entre nosotros y Dios.

Como todo lo qué es del esclavo es de su dueño y el hijo no puede devolverle lo equivalente a su padre, se niega que entre el dueño y su esclavo, y el padre y su hijo, haya relación de justicia sencilla y absolutamente. Con mucho más motivo, todo lo que es del hombre es de Dios, y mucho menos puede el hombre darle a Dios lo equivalente.
Por consiguiente, el hombre no puede merecer algo de parte de Dios de modo que se le deba en justicia, a no ser que se le deba con una justicia tan atenuada que sea muchísimo menor que la relación de justicia del dueño a su esclavo y del hijo a su padre.
Con todo, esta relación de justicia tan atenuada ni siquiera se halla entre el hombre y Dios de modo absoluto -porque hablando absolutamente, toda obra voluntaria buena del hombre se le debe a Dios, y cuantas más y mejores obras, internas o externas, posee el hombre, más se las debe a Dios, puesto que el mismo Dios es quien obra en nosotros el querer y el llevarlo a cabo [Fil. 2, 13] y todas nuestras obras-.

Sino que, este deber de justicia atenuado entre el hombre y Dios existe por la ordenación Divina con la que Dios ha ordenado que nuestras obras sean meritorias de parte de El. Esto se prueba, porque cuando el hombre merece algo dé parte de Dios, Dios no se hace ni es deudor del hombre, sino de Sí mismo; si por el contrario, este deber de justicia atenuado existiese entre el hombre y Dios de modo absoluto, Dios le debería al hombre la retribución que mereció; mas está claro que Dios a nadie le debe, como dice San Pablo a los Rom. II, 35: ¿quién le dio a El primero para que se le retribuya?

De modo que Dios se debe sólo a Sí mismo el cumplir su voluntad con la que le confiere a la obra humana que sea meritoria, dándole al hombre la retribución de su obra.
Esto es algo cierto y fuera de duda, hablando de modo simple y absoluto; pero por otra parte se da por supuesto el acuerdo hecho entre Dios y el hombre sobre una cosa, pues así como entre los hombres si un dueño cierra un trato con su esclavo de ahí nace un deber de justicia entre ambos, así si Dios se digna hacer un pacto con el hombre de ahí nace una obligación entre ambos sobre lo que quedó pactado. A menudo leemos en el Antiguo Testamento que Dios se dignó hacer pactos con los hombres.

En Génesis 9, 11 está escrito el pacto de Dios de que ya no habrá más un diluvio universal. En Génesis 15, 18 Dios hizo un pacto con Abraham sobre la tierra de Canaán que le iba a dar a su descendencia. En Génesis 17, 4 se cuenta el pacto de la circuncisión y en Éxodo 24, 8 Moisés dice: Esta es la sangre del pacto, etc. También en Jeremías 31, 31-33 Dios habla claramente del pacto de la nueva y antigua ley.
En el nuevo Testamento, nuestro Salvador muestra a Dios en la figura de un padre de familia que lleva a los obreros a la viña y que conviene con ellos sobre la paga diaria, como queda claro en Mateo 20, 2: habiendo convenido en un denario por día, los envió a la viña; y luego: ¿acaso no os pusisteis de acuerdo conmigo?

Con esto queda claro que la razón de mérito, incluso en justicia, puede halla sé en nuestras obras con referencia al premio, sobre el cual Dios hizo un acuerdo.
Desde luego, hay que saber que por mucho que intervenga un pacto entre Dios y el hombre sobre un premio, Dios nunca va a ser ni es deudor nuestro, sino deudor de Sí mismo, de modo que una vez hecho el acuerdo, a nuestras obras se les debe el premio que se convino, pero no por eso Dios es deudor de nosotros sobre ese premio, sino de su voluntad antecedente con la que se dignó hacer un pacto con nosotros y por eso con mucha verdad decirnos que Dios no le debe a nadie sino a Sí mismo.

En nuestras obras, con relación a Dios, podemos hallar entonces una doble razón de mérito: o según un derecho atenuado o según un acuerdo, y así nunca nos debe nada a nosotros. He dicho esto para que se entiendan todos estos términos cuando se usan para hablar de nuestros méritos ante Dios