domingo, 18 de marzo de 2012

Que la técnica nunca es sólo técnica y como todo saber ha de ser purificado por el saber teológico

Continuamos nuestra reflexión sobre la esencia de la tecnología postmoderna,

especialmente de la biotecnología, con una serie de apuntes sueltos a partir de las palabras de Benedicto XVI en Caritas in Veritate, capítulo sexto.

"La técnica nunca es sólo técnica". (C in V, 69)

Esta afirmación del Santo Padre resume la esencia del problema.

Los recursos tecnológicos no son SÓLO herramientas indiferentes o inermes.

Son algo más.

Son la objetivación de la voluntad humana postmoderna y del espíritu de la época que los engendra.

¿Qué es una objetivación? La realización material y efectiva en el tiempo y el espacio de una intención subjetiva del ser humano.

Una objetivación de un elemento subjetivo (las aspiraciones del ser humano, como dice el Papa) es su SALIR DE DENTRO HACIA AFUERA cobrando realidad interactuante,

realidad capaz de influir en otros sujetos ATRAYÉNDOLOS HACIA SÍ POR SINTONIZACIÓN CON SUS ASPIRACIONES, en una cadena existencial de realizaciones colectivas, de autoexpansión.

Esa realización colectiva o cultural es la expresión de la voluntad que la anima a objetivarse en tiempo y espacio y devenir en cultura, por la cual la tecnología no es ya un mero instrumento interno individual de la voluntad, sino una expresión cultural y colectiva de la misma.

La cultura postmoderna y sus "valores" antropocéntricos se expresan tecnológicamente.

La tecnología postmoderna es la objetivación del antropocentrismo.

Ejemplo elocuente de esto es la anticoncepción. La técnica anticonceptiva --farmacológica o mecánica- es la forma en que la voluntad de la sociedad actual realiza sus "valores" sexuales. La tecnología anticonceptiva es la expresión de la mentalidad y la voluntad sexual de la postmodernidad. O para decirlo más claramente: la mentalidad sexual postmoderna expresa su cosmovisión a través de la tecnica anticonceptiva, que es la forma de la sexualidad desnaturalizada. O para decirlo como lo dice el Papa: la técnica anticonceptiva es el aspecto objetivo de la visión que de la sexualidad tiene la sociedad postmoderna.


Pero también es cierto lo contrario. La mentalidad sexual postmoderna es anticonceptiva por influencia y "tentación" (=atracción) de la tecnología anticonceptiva, que educa a las masas en la anticoncepción, tentándolas (=atrayéndolas) con promesas de independencia eudemónica y sueños de liberación. Es un círculo vicioso de inter-influencia, un anillo de poder, que diría Tolkien.

En definitiva.

Ya no estamos ante "objetos" tecnológicos inertes, sino ante ACCIONES TECNOLÓGICAS, ante un OBRAR TECNOLÓGICO que es objetivación de la voluntad subjetiva del espíritu postmoderno.

Las acciones tecnológicas son pues realizaciones operantes del "aspecto objetivo del actuar humano, cuyo origen y razón de ser está en el elemento subjetivo: el hombre que trabaja. Por eso, la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones" (Caritas in Veritate, 69)

No son indiferentes porque manifiestan activamente y hacen visible y operante Y ATRACTIVA la objetividad del obrar del espíritu postmoderno, y a qué aspira este espíritu.

Son un reflejo existencial, una manera del ser-así del hombre y la mujer de hoy que, al mismo tiempo, influye existencialmente y promueve un seguir obrando así.

Como afirma Benedicto XVI: "El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biológico. La técnica — conviene subrayarlo — es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre"

La tecnología es una expresión del ser humano vinculada a su autonomía. Es la objetivación del quehacer autónomo del hombre.

Y entendemos autónomo como independiente.

¿Independiente de qué?. De aquello que le hace dependiente: de la ley natural.

La tecnología, como vemos por sus aplicaciones en el campo biológico, independiza al ser humano de la ley natural: anticoncepción, fecundación in vitro, manipulación genética, clonación.... Es el viejo sueño alquímico de alterar las esencias y ocupar el papel del Creador alterando las fuentes mismas de la vida.

Es lo que apunta el Papa:

"70. El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar.

"Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo. Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas. El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica[152], transformándose ella misma en un poder ideológico, que expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad."

Ante este poder de atracción que ejerce la técnica sólo hay una solución: volver al ser, a la auténtica libertad, para responder éticamente a ese poder atractivo que promete independencia, o, como dice el Papa, le promete independizarse de los límites naturales de las cosas, de las esencias.

"La técnica atrae fuertemente al hombre, porque lo rescata de las limitaciones físicas y le amplía el horizonte. Pero la libertad humana es ella misma sólo cuando responde a esta atracción de la técnica con decisiones que son fruto de la responsabilidad moral. De ahí la necesidad apremiante de una formación para un uso ético y responsable de la técnica. Conscientes de esta atracción de la técnica sobre el ser humano, se debe recuperar el verdadero sentido de la libertad, que no consiste en la seducción de una autonomía total, sino en la respuesta a la llamada del ser, comenzando por nuestro propio ser."

Liberarse de él por la Gracia, que fortalece la voluntad, y una eficaz educación y formación EN LA VERDAD, de forma que las aspiraciones del hombre postmoderno, latentes en la técnica, que son su objetivación, no influyan antropotrópicamente en nosotros, y podamos devolver a la técnica a su justo lugar: la ciencia genuina iluminada por la fe.

Para ello, propongo algo sorprendente.

Subsumir la técnica en la Teología --como se hacía en la cristiandad, a la manera de la sabiduría grecolatina, que subsumía la técnica a la filosofía--para que ésta la devuelva a la ciencia.

La técnica debe subordinarse a los criterios teológicos, debe nutrirse de lo aportado por la Ciencia Madre,

de forma que deje de reflejar el ser del hombre antropotrópico, y pase a desarrollarse según los criterios teotrópicos que sólo la teología apoyada en el Magisterio puede otorgarle.

Como en tiempos de verdadera ciencia, la tecnología debe volver a ser hija de la teología, como todo saber.

La técnica será antropocéntrica hasta que no vuelva a ser hija de la Teología.

A estudiar esto nos dedicaremos en futuros post.

jueves, 15 de marzo de 2012

Que la tecnología postmoderna no es neutra, posee potencia antropotrópica de atracción y ha de ser reorientada

La tecnología postmoderna genera productos no neutros, sino activos en cuanto a poder de atracción.

Como en post anteriores, recalco que la idea que pretendo no es afirmar que la técnica sea pecado o sea mala, sino que no es neutra, es decir, que tiene fuerza atractiva y autoexpansiva totalizante y que, por sus principios internos, tiende a penetrar en aspectos cada vez más profundos de la realidad humana

Comencemos.

En la Carta Encícilica Caritas in Veritate, Benedicto XVI realiza una profunda reflexión sobre la técnica (Capítulo Sexto, el desarrollo de los pueblos y la técnica). Los resaltes en negrita son míos.

Recoge de este capítulo algunos pasajes importantes.

En el punto 69 el Papa comenta que la técnica no es mala:

"El problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en campo biológico. La técnica — conviene subrayarlo — es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre."

Y prosigue:

"La técnica es el aspecto objetivo del actuar humano
[151], cuyo origen y razón de ser está en el elemento subjetivo: el hombre que trabaja. Por eso, la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones"

A continuación nos habla del poder autosuficiente de la técnica, que posee elementos de autonomía propios para atravesar la naturaleza y límites propios de las cosas:

"70. El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo. Nacida de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona, puede entenderse como elemento de una libertad absoluta, que desea prescindir de los límites inherentes a las cosas. El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la técnica[152], transformándose ella misma en un poder ideológico, que expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad."

A continuación el Papa apunta cómo reorientar la técnica fortaleciendo y preparando a la persona para ello:

"La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser. Incluso cuando el hombre opera a través de un satélite o de un impulso electrónico a distancia, su actuar permanece siempre humano, expresión de una libertad responsable. "

Y nos habla del poder de atracción de la tecnología, una fuerza atractiva a la cual es necesario responder:

"La técnica atrae fuertemente al hombre, porque lo rescata de las limitaciones físicas y le amplía el horizonte. Pero
la libertad humana es ella misma sólo cuando responde a esta atracción de la técnica con decisiones que son fruto de la responsabilidad moral. De ahí la necesidad apremiante de una formación para un uso ético y responsable de la técnica. Conscientes de esta atracción de la técnica sobre el ser humano, se debe recuperar el verdadero sentido de la libertad, que no consiste en la seducción de una autonomía total, sino en la respuesta a la llamada del ser, comenzando por nuestro propio ser."

En el punto 71 habla de una desviación del sentido original de la técnica, que era humanista (y sin duda cristiano y protoevangélico):

"
71. Esta posible desviación de la mentalidad técnica de su originario cauce humanista se muestra hoy de manera evidente en la tecnificación del desarrollo y de la paz"

Es necesaria la fe para ayudar a la razón científica a reorientar la técnica:

"Pero la racionalidad del quehacer técnico centrada sólo en sí misma se revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido y del valor. Por ello, la cerrazón a la trascendencia tropieza con la dificultad de pensar cómo es posible que de la nada haya surgido el ser y de la casualidad la inteligencia
[153]. Ante estos problemas tan dramáticos, razón y fe se ayudan mutuamente. Sólo juntas salvarán al hombre. Atraída por el puro quehacer técnico, la razón sin la fe se ve avocada a perderse en la ilusión de su propia omnipotencia. La fe sin la razón corre el riesgo de alejarse de la vida concreta de las personas"

Dejamos aquí por ahora esta meditación sobre la técnica, insistiendo nuevamente en la necesidad de su reorientación teotrópica para humanizarla y devolverle su sentido protoevangélico.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Que el espíritu de la técnica busca expansionarse y penetrar la naturaleza humana, y ha de ser reorientado teotrópicamente

La técnica no genera objetos neutros.

Desde la Modernidad, asistimos al proceso de su independización expansiva en orden a la edificación de la Ciudad Terrenal. Se ha rebelado del espíritu científico genuino y se ha aliado con la voluntad caída.

No genera instrumentos neutros, sino potencialmente adictivos y autogeneradores de expansión.

Genera ilusiones y deseos a través de ellos. Y es que el poder expansivo del espíritu del mundo no se cansa ni coforma con menos que con la esencia de las cosas.

La técnica está sumergida en el espíritu de vértigo del hombre caído, y hay que purgarla, depurarla y reorientarla de forma que la verdadera ciencia iluminada por la fe se haga dueña de ella, tome las riendas y le proporcione la orientación teotrópica que ha de tener.

La técnica tiene un innato poder expansivo, siempre aspira a penetrar en mayor medida parcelas aún más profundas de la realidad.

La tecnificación moderna alcanzó el mundo del trabajo. En la actualidad, la técnica postmoderna está tecnificando el mundo del ocio.

Y aún más que el ocio, la tecnificación alcanza la intimidad misma del ser humano, de forma que incluso lo más íntimo, la propia vida sexual de la persona, está mediatizada radicalmente por la técnica anticonceptiva -radicalmente, es decir, en su raíz, que es la transmisión de la vida.

Los últimos avances tecnológicos apuntan a una fusión con el mundo de lo orgánico, a una inmaterialización de la técnica, que aspira a fundirse con los organismos, a hibridarse con la materia orgánica.

El sueño tecnológico de la postmodernidad es liberar al cuerpo de las ataduras de su propia naturaleza esencial, convirtiéndose en una especie de alquimia totalizante.

Así la técnica retorna a su fuente, que es el pensamiento mágico

Por la tecnología aplicada a la persona humana en su misma intimidad, se hace posible el viejo anhelo de la liberación de la ley natural , el arcano sueño del esoterismo alquímico.

La técnica está cegando las fuentes mismas de la vida, transformando la sexualidad, origen del bien vital, en factor de muerte.

Y es que la técnica siempre va por delante, según su potencialidad interna. La ética va por detrás, a trompicones, intentando frenar el siguiente paso adelante. Pero por la gracia podemos ir por delante.

La técnica desborda la ética, pero no puede desbordar la Gracia.

Es el espíritu de vértigo, que nunca se cansa. Pero es detenido por la Gracia. Stat crux, dum volvitur orbis.

Es en el ámbito de la religión revelada, defensora por la gracia de la ley natural, que la técnica no es mediadora entre el cuerpo y el alma .

La tecnificación disgrega el compósito, separa artificialmente los bienes del cuerpo y los bienes del alma. Catarismo.

Es en el ámbito de la religión revelada que la domesticación de la técnica por su reorientación teotrópica se hace posible,

de forma que ésta no pretenda la trasformación de la naturaleza humana, sino que colabore con el espíritu humano en la glorificación de Dios.

lunes, 12 de marzo de 2012

Que hemos de reorientar la técnica

La técnica postmoderna es antropocéntrica.

De esto no cabe duda. Debemos desterrar toda ingenuidad en nuestra consideración del movimiento constructivo de la Ciudad Terrenal.

Ciertamente, es posible reorientarla y teocentrarla.

Pero primero hay que domesticarla.

Porque su principio interno es la voluntad de dominio, no a la manera del protoevangelio, sino a la manera del Hombre Caído.

domingo, 11 de marzo de 2012

Que los despide vacíos

El hombre carnal es codicioso, su corazón es codicioso, es incapaz de orar, porque piensa que es perder el tiempo y que no se gana nada orando.

La Santísima Virgen nos enseña en el Magníficat que el Señor "a los hambrientos los colma de bienes,

y a los ricos los despide vacíos".

A los mercaderes, que acudían a la Casa de Dios a enriquecerse, los despide del templo vacíos.

Es codicioso quien quiere sacar provecho de algo que no le corresponde.

En la Casa de Dios, que es casa de oración, los bienes proceden de Dios,

y todo hombre y mujer ha de acudir a ella a alimentarse y enriquecerse de esos dones divinos

Los codiciosos quieren enriquececerse, en La Casa de los Dones Divinos,

de dones humanos que no les corresponden,

donde se dan gratuitamente los bienes de Dios o bienes humanos que sí corresponde recibir allí.
Es pobre a la manera de Dios quien no quiere sacar provecho de algo que no le corresponde. Por eso la casa de Dios es Casa de pobres, Casa de quien quiere bienes divinos y no bienes humanos indebidos.

Quien no quiere bienes humanos sino bienes divinos es pobre, como Jesús, y halla en la Casa del Padre de Jesús, la Casa de Dios, todo cuanto anhela y quiere poseer, que no es sino lo que da el Padre a través de su Hijo el Pobre, Nuestro Señor Jesucristo.

Que se haga negocio en la casa de los pobres es algo indignante. Jesús era tan pobre que no tenía donde reclinar la cabeza.

Y maravilla que el pobre de los pobres, el Pobre que no tenía donde echarse a descansar, se haga un látigo de cuerdas y arroje fuera del Templo a toda la gente que se había sentado en el Templo para ganar dinero a costa de Dios.

El pobre expulsa del Templo a los que hacían riquezas en la Casa del Pobre.

El codicioso no da nada gratis. Vende y compra para tener más. Cristo no tenía nada, y todo cuanto tuvo lo dio gratis.

Y es que expulsó de su Casa de Gratuidad a los que estaban allí aposentados y negociando para enriquecerse.

El hombre carnal piensa que orar es perder el tiempo. El hombre carnal cree que nada se gana con la oración, y que se pierde el tiempo. No sabe permanecer en la Casa de Oración, si no es comprando o vendiendo y sacando provecho material y egoísta, porque le falta sentido de la gratuidad.

Él no tenía nada de eso, ni lugar para descansar, ni negocio para enriquecerse.

¿Qué dice la Escritura?

Que Jesús comenzó a expulsar a los vendedores y compradores "tras haber entrado en el Templo". (Mc 11, 15)

Es decir, que estaban vendiendo y comprando DENTRO del Templo.

Cuando sucedió esto nos lo aclara el Evangelio de Juan. "Jesús llega en los días de los Ázimos" (Juan 2, 13) Es decir, en la Pascua.

En la Pascua, cuando todo el Pueblo había de ir al Templo, so pena de ser desterrado. Por lo que es de suponer que el Templo estaría abarrotado de gente.

Y ante el Pueblo de Dios allí congregado el Señor usa de su autoridad divina para expulsar de allí a los que usan la Casa de su Padre para enriquecerse

El enriquecimiento propio de la Casa de Dios atañe a los dones de Dios, que son para provecho no egoísta, sino común.

“manifestación del Espíritu para provecho común” (1Co 12,7).

Los que quieren provecho propio y lo buscan allí donde no han de buscarlo, es decir, en el lugar donde se ha de orar y buscar el provecho común, son codiciosos. Y la codicia es una idolatría.

Benedicto XVI explica este pasaje en homilia el Domingo 16 de marzo de 2008:


"Durante la entrada en Jerusalén, la gente rinde homenaje a Jesús como Hijo de David con las palabras del Salmo 118 de los peregrinos: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!» (Mt 21,9). Después, llega al templo. Pero en el espacio donde debía realizarse el encuentro entre Dios y el hombre halla a vendedores de palomas y cambistas que ocupan con sus negocios el lugar de oración."

"Ciertamente, los animales que se vendían allí estaban destinados a los sacrificios para inmolar en el templo. Y puesto que en el templo no se podían usar las monedas en las que estaban representados los emperadores romanos, que estaban en contraste con el Dios verdadero, era necesario cambiarlas por monedas que no tuvieran imágenes idolátricas. Pero todo esto se podía hacer en otro lugar: el espacio donde se hacía entonces debía ser, de acuerdo con su destino, el atrio de los paganos."

"En efecto, el Dios de Israel era precisamente el único Dios de todos los pueblos. Y aunque los paganos no entraban, por decirlo así, en el interior de la Revelación, sin embargo en el atrio de la fe podían asociarse a la oración al único Dios. El Dios de Israel, el Dios de todos los hombres, siempre esperaba también su oración, su búsqueda, su invocación."

"En cambio, entonces predominaban allí los negocios, legalizados por la autoridad competente que, a su vez, participaba en las ganancias de los mercaderes. Los vendedores actuaban correctamente según el ordenamiento vigente, pero el ordenamiento mismo estaba corrompido. «La codicia es idolatría», dice la carta a los Colosenses (cf. Col Col 3,5). Esta es la idolatría que Jesús encuentra y ante la cual cita a Isaías: «Mi casa será llamada casa de oración» (Mt 21,13 cf. Is Is 56,7), y a Jeremías: «Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de ladrones» (Mt 21,13 cf. Jr Jr 7,11). Contra el orden mal interpretado Jesús, con su gesto profético, defiende el orden verdadero que se encuentra en la Ley y en los Profetas."

sábado, 10 de marzo de 2012

De la objetividad escandalosa de la verdad, la descomposición teológica y el monstruo bifronte

Jean Daniélou. "Escandalo de la verdad". Defensa intempestiva de la certeza metafísica. Una obra valiente y precisa en su ataque a los subjetivismos y en su defensa de la objetividad absoluta de lo verdadero. Es llamativo lo bien que entiende el autor a Nietzsche, y cómo se percata de su tesis fundamental: que la moral verdadera está ligada a la religión --porque depende del Pensamiento de Dios y no del pensamiento del hombre. --Que el moralismo es cosa diferente, y que éste es ética e ideología. Que existen éticas e ideologías morales, pero sólo una Moral: la inserta por Dios en la conciencia. --Atacando a Dios se ataca a la moral.

De todo esto deduce la inmoralidad deshumanizante del humanismo ateo, al que ataca, como De Lubac, y sin caer en sombras de subjetivismo.

En el capítulo sobre la verdad y la unidad Daniélou aporta ideas magníficas. Por ejemplo, que nuestra fidelidad al Evangelio no puede devenir en infidelidad a la Iglesia; que debemos humillarnos personalmente, pero que nadie tiene el derecho de humillar a la Iglesia, etc. ( pp. 122-123). En definitiva, que bajo el pretexto de seguir más radicalmente el Evangelio no podemos dejar de seguir a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, porque una y otra cosa son lo mismo.

En sus apreciaciones sobre la técnica, sin embargo, falta profundidad. No se percata del titanismo propio de la misma, aunque sí percibe su antropotropismo. La técnica, sin embargo, no es neutra, y sólo puede ayudar al hombre a través de una depuración de su espíritu antiteísta. No obstante, el libro es muy recomendable, sobre todo porque afirma constantemente la existencia objetiva y absoluta de la verdad, algo que ya comenzó a hacer admirablemente bien en su "Dios y nosotros", y advierte de los graves peligros del subjetivismo y del humanismo ateo. En ocasiones parece confunde los planos natural y sobrenatural, como De Lubac, pero cuando aparece alguna sombra de confusión la disipa pronto y aclara muy acertadamente.

Otras lecturas. Esta vez menos armoniosas. Louis Bouyer: "La descomposición del catolicismo". Libro que desconocía y que he leído esta semana. Desde el comienzo me desagradó el tono presuntuoso e irónico, la mirada desde el suelo, los juicios históricos maximalistas. A esto se unen, sin embargo, grandes iluminaciones y poderosas verdades que sería insensato negar, como por ejemplo el abuso del pseudoespíritu conciliar, que ha fabricado, en contra del Concilio, slóganes anticonciliares en nombre del Concilio mismo. El análisis de las infidelidades postconciliares es agudo y certero, sin duda. Muestra algunas desviaciones teológicas masivas en la opinión pública eclesial tras el Postconcilio anticonciliar. La crisis es evidente, y no se puede negar. Cita un peligro del ecumenismo practicado en ciertos ambientes eclesiales, con una palabras certerísimas de un ecumenista protestante:

"
El mayor peligro para el ecumenismo consiste en que los católicos acaben por entusiasmarse con todo aquello cuya perniciosidad hemos descubierto nosotros y que abandonen en cambio todo aquello cuya importancia hemos descubierto".

Es decir, que muchos católicos se vuelven a lo negativo del protestantismo justo cuando muchos buenos protestantes con deseo verdadero de unidad están descubriendo en la Iglesia aquello que a ellos les faltaba, --y que es precisamente lo que se está abandonando en ciertos ambientes eclesiales.

Me desagradan en especial las afirmaciones totalizantes que realiza el autor, de este tipo: "Los católicos de ayer eran incapaces de recibir ninguna lección del mundo" ¡! Su crítica al monstruo bifronte, integrismo-progresivismo, me parece acertada, y muestra bien cómo se engendran mutuamente. Critica tanto la petrificación tradicionalista como el espíritu de vértigo progresista.

Al final del libro dice: "Pero la Iglesia una, santa, católica y apostólica, en la que Pedro y sus sucesores presiden en la caridad, ella, sí, tiene las promesas de la vida eterna, y su fe no se verá nunca fallida".

Y es que sin duda alguna la fuente de la renovación eclesial que necesitamos no será la felicidad o infelicidad de visiones particulares de la Iglesia,

sino la Iglesia misma en lo que objetivamente es, la Casa del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad ( 1 Tim 3, 15), fuerza sobrenatural que nos enciende en el fervor de la verdad y la gracia de Cristo y nos consagra en santidad y plenitud.

En ella, en la Iglesia, y sólo en ella, ha de residir nuestra esperanza, pues ella es la dadora de la Gracia, por ser Cuerpo de la Gracia, y en ella ponemos todo nuestro esperar (1 Pe 1, 13)

viernes, 9 de marzo de 2012

Por Gracia y por Dolor

Subirse a la cruz y no bajarse,

antes bien permanecer en ella por amor de Jesucristo.

Hay quien espera, para convertirse, que el Señor se desclave y se acerque a él y chorreando su Divina Sangre le conduzca a un verde prado --en que reposar y gustarse y deleitarse con suaves vistas mientras el Verbo se desangra por su redención.

Nosotros, sin embargo, hemos de acompañarle a Él y permanecer sangrando a su lado, negando darnos gustos lícitos para seguirle e imitarle en tanta ignominia escandalosa,

clavados a su lado, llagados y escupidos y burlados y humillados a su lado.

Y dejamos el goce y el deleite aun siendo lícitos y buenos, para abrazarnos a los matorrales de espinos con que hicieron su corona.

No hay dicha mayor, no lo dudes.

Que Cristo es varón de dolores y siempre vence, y tú con Él, si sufriendo para hacerte suyo te haces como Él, te haces Él por gracia y por dolor.

Bonum mihi quia humiliaste me. Bueno será el haberme Tú humillado (Sal 118, 71)

miércoles, 7 de marzo de 2012

Que no hay justicia sin Dios

Dice Honigsheim sobre Max Weber:

Tenía un sentido demoníaco de la justicia”.

Pero, ¿cómo es posible esto?

Más allá de la hipérbole injusta sobre el filósofo, y en un sentido objetivo, ¿es posible que la justicia se vuelva demoníaca?

Es posible ciertamente que la virtud de la justicia deje de ser justa. Paradoja.

Y es que ninguna virtud lo es

si no procede de la prudencia sobrenatural,

que guía todas nuestras acciones hacia el Corazón de Cristo.

Pues bajo la ley de la Gracia el Amor de Dios es siempre lo primero

y la justicia sin Dios se vuelve inhumana.

Por eso, cualquier acto bueno puede devenir en malo, y en muy malo, si no es prudente,

y aún más, en demoníaco,

si contiene un rechazo implícito o explícito de Dios, que es el Sumo Bien.

Weber afirmaba que el síntoma esencial del nihilismo moderno es el desencanto de la existencia, la pérdida del sentido del Misterio, que pervierte toda relación del ser humano con lo transcendente.

Y en este línea, ¿no es lógico suponer que una justicia que pierde el sentido de la misericordia divina, y se vuelve desencantada de lo humano, por desencantarse de Dios,

se vuelva radicalmente demoníaca?

lunes, 5 de marzo de 2012

Del utilitarismo técnico de la anticoncepción

El espíritu utilitarista, cuando se alía con la técnica, conduce a niveles cada vez más desnaturalizados de existencia.

Es lo que ocurre con la anticoncepción.

A la instrumentalización de la sexualidad por la técnica, mutilada de su fin primero y esencial, que es la transmisión de la vida, sigue la instrumentalización de la mujer.

No hay nada tan denigrante para la mujer como ser objeto de la técnica anticonceptiva.

La instrumentalización de la mujer, común en sociedades descristianizadas, alcanza aquí el punto álgido.

La técnica anticonceptiva se convierte en mediadora entre el hombre y la mujer. Ya no es posible la autonomía natural del vínculo conyugal. La sexualidad para a convertirse sierva de la industria farmacéutica y de la técnica de la muerte .

Que la anticoncepción es cultura de la muerte y no hemos de callar sus males

Quisiera que meditáramos sobre esto:

¿De qué sirve luchar contra el aborto, si no se combate la causa de la cultura de la muerte, que es la anticoncepción?

Creo que debemos ser valientes y, a riesgo de parecer negativos o pesimistas a otra gente, decir la verdad, alertar de los graves males que causa la mentalidad anticonceptiva y de los abusos injustificables del concepto de "paternidad responsable"..

No debemos caer en subjetivismos del tipo: cuenta tu experiencia, cómo te va con tu apertura a la vida en tu matrimonio, cómo te va con tantos hijos... ...

No, no se trata sino de hablar de la Verdad OBJETIVA que libera.

De la verdad del Logos, por Quien fue creada la naturaleza humana en su dimensión sexual.

Hay que hablar de los males que causa la mentalidad anticonceptiva:

como denigra sobre todo a la mujer, y también al marido, al matrimonio.

Porque a un enfermo no se le puede engañar diciendo que está sano. Hay que decirle que tiene cura, y que esa cura es vivir conforme a la Ley Natural y abrirse a la Gracia de forma que la sexualidad conyugal sea purificada y elevada a su auténtica dignidad procreativo-unitiva.

No sólo porque la anticoncepción es un desorden de la naturaleza, sino porque por la anticoncepción se muere a la vida de la Gracia y el matrimonio y la sexualidad se corrompen en su identidad esencial.

Y aunque haya gente diciendo y publicando que la anticoncepción es lícita, tal vez como mal menor, o como medio de conciliación matrimonial ¿?, o que afirme que no es un tema de ley natural sino una simple norma de la iglesia que puede suprimirse... es FALSO.

Es un tema de ley natural enseñado de forma rotunda y explícita por el Magisterio eclesiástico, la Escritura y la Tradición.

Haz apostolado de la apertura a la vida y de la castidad matrimonial!

Porque si te parece que el aborto es cultura de la muerte, piensa que no menos lo es la ANTI-CONCEPCIÓN DE LA VIDA.

jueves, 1 de marzo de 2012

De precisiones y de sombras

Resulta preocupante la despreocupación que existe por la precisión en la exposición de las verdades de la fe.

Se acepta indulgentemente, incluso complacientemente, formulaciones ambigüas y dispersantes de la verdad.

Se predica como por pulverización.

La esperanza se hibrida con la fe, la caridad con el altruísmo, la Gracia con la naturaleza.

Se admira la obra de teólogos que pulverizan las verdades como si de colonia se tratase. Se busca cautivar, complacer, agradar, cautivar por sensaciones.

La precisión diamantina del lenguaje teológico tradicional se pierde en las cuasiverdades esparcidas, pretendiendo saltarse toda la teología tradicional.

Es preciso, sin embargo, recuperar la precisión.

Porque lo que no es claro es oscuro, y lo que se oculta se niega.

Y con la negación viene el olvido y con el olvido la sombra.

martes, 28 de febrero de 2012

De la oración como esperanza en acto

Sobre la oración como acción teologal.

Puede decirse que la oración es exégesis de la esperanza.

Cuando dirigimos la mirada a Dios y le hablamos estamos actualizando lo que Él mismo nos ha infundido por el Bautismo, las tres virtudes teologales y, concretamente,

aquella que nos mueve a confiar y esperar la añadidura.

Cuando oramos cobra vida en nosotros el pasaje impresionante de Mt 6, 33: Buscad primero el Reino de Dios, y lo demás se os dará por añadidura.

Como dice Santo Tomás, Suma II, II q 17: la oración es interpretación de la esperanza.

Benedicto XVI, cuando era prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, escribió en "Mirar a Cristo":

"Un hombre desesperado no reza, porque no espera; un hombre seguro de su poder y de sí mismo no reza, porque confía únicamente en sí mismo. Quien reza espera en una bondad y en un poder que van más allá de sus propias posibilidades. La oración es esperanza en acto".

domingo, 26 de febrero de 2012

De silencio y movimiento

Tras la Caída el ser humano vive sumergido en un vertiginoso Espíritu de Huída, cuyo carácter sonoro es el ruido y la disonancia.

En el arte del mundo caído el silencio es una vía de escape, un alto artificial en el camino de los ruidos y las manchas sonoras.

Porque es un silencio vacío, y no la escucha de una "Presencia a la que se atiende" , (como dice D Javier Sánchez Martínez en un reciente post).

Frente al arte y el silencio caído, el arte y el silencio de la Liturgia Divina.

En la polifonía litúrgica hay silencios que equivalen a bellas consonancias,

y bellas consonancias que cumplen el papel de silencios.

En la Liturgia, belleza y silencio son equivalentes.

La belleza de la consonancia equivale a la paz del silencio porque procede de Dios.

La música clásica de la apostasía sin embargo suena a ruido de maquinaria.

Como la pintura irracional y feísta, que parece ruido plástico.

Es el Espíritu de Vértigo que hunde al hombre Caído en un mundo de disonancias y disarmonías.

Frente a esto, la paz silenciosa y consonante de la Iglesia, que es esencialmente paz litúrgica, el ámbito del silencio y de la consonancia armónica, de la belleza plástica y de la armonía de las formas estéticas.

Lo que el silencio sacro contribuye a conseguir

es a encontrar en Dios un principio de estabilidad,

gracias al cual se detenga en nosotros el vertiginoso espíritu de huída original,

y hallemos la paz de que nos habla la Escritura:

""Aequiesce in Domino, et spera in Eo". (Sal Vulg 36, 7)

Aquiétate en el Señor, y espera en Él.

Un principio de estabilidad:

el único, la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo, en cuya cruz el mundo detiene su huída y el ruido se disipa.

Stat crux dum volvitur crucis.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Sobre el principio de estabilidad

Contra el espíritu de vértigo de la mentalidad mundana y nihilista,

el principio de estabilidad,

con su potencia desmundanizante.

Oración, ayuno, limosna.

Desde la perspectiva sobrenatural se pierde miedo al Maelstrom. Se obtienen fuerzas sobrenaturales para oponerse a su atracción y emerger de él, liberándonos de la presión del mal.

Stat crux.

La Cruz sostiene el mundo, porque es Cristo la fuente de la verdad y de la gracia (Juan 1, 17)

Clavada la Cruz en el centro del remolino,

un nuevo Centro ocupa su lugar.

Es Cristo Salvador.

A la agitación antropotrópica y la fatiga existencial

sucede la armonía y el equilibrio perfecto de la virtud de Cristo,

de cuya eterna estabilidad participamos por Gracia.

De cosas que hemos visto y cosas que veremos

Hemos visto que los demonios son expertos en insinuar errores que imitan verdades,

y que acuden al vacío como las moscas a la miel,

que incluso la naturaleza aborrece el vacío, --horror vacui!--

y que ese vacío no es más que Ausencia de una Persona, Cristo.

Que la Ausencia de Cristo acrecienta el Espíritu de Vértigo que caracteriza nuestra época,

--según nos enseña el pasaje que nos recordaba Longinos:

"Yo estoy atento y escucho; no hay quien hable rectamente, nadie que ese arrepienta de su maldad, diciendo: '¿Qué es lo que he hecho?' Todos corren desenfrenadamente su carrera, com caballo lanzado impetuosamente a la batalla." (Jeremías 8, 6)

Y que de este espíritu de huída nos alerta la Antigua Sabiduría que preambula nuestra fe, como por ejemplo Séneca:

Siste fugam....stat veritas...

amigo, detén tu huída, permanece en la Verdad...

El tiempo cuaresmal es un tiempo propicio para PURGARNOS de este espíritu vertiginoso, y para FORTALECERNOS contra las sugestiones de las potencias del mal

La Iglesia Nuestra Madre y Maestra nos enseña con su Liturgia penitencial cómo lo haremos.

Y mientras, hermanos, no dejemos un instante de alabar al Señor, que ha hecho maravillas en cielo y tierra y en los corazones de sus hijos adoptivos.

¡¡ LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI !!

domingo, 19 de febrero de 2012

Que la Lengua Latina es inmutable y el espíritu de vértigo no afecta a su sustancia

La sabiduría grecolatina y su lenguaje propio preambula la recepción del Evangelio, preparando la razón para la acogida de la Verdad y la voluntad para la recepción de la Gracia. Es un hecho al que el Magisterio del Beato Juan XIII, en la Constitución Apostólica "Veterum Sapientia", dio una importancia excepcional:

"La antigua sabiduría encerrada en la literatura de los griegos y de los romanos, así como las preclaras enseñanzas de los pueblos antiguos, deben considerarse como una aurora preanunciadora del Evangelio que el Hijo de Dios, árbitro y maestro de la gracia y de la doctrina, luz y guía de la humanidad[1], ha anunciado en la tierra. En efecto, los padres y los Doctores de la Iglesia reconocieron en esos antiquísimos e importantísimos monumentos literarios, cierta preparación de los espíritus para recibir las riquezas divinas, que Jesucristo en la economía de la plenitud de los tiempos[2] comunicó a los hombres; por consiguiente, con la introducción del cristianismo en el mundo, nada se perdió de cuanto los siglos precedentes habían producido de verdadero, de justo, de noble y de bello. (Veterum sapientia, Primera Parte)"

Parte del legado de la Antigua sabiduría es la lengua latina, una lengua atemporal a la que no afecta el espíritu de vértigo de las fluctuaciones lingüísticas. Así lo expresa Juan XXIII:

"Lengua inmutable

No tan sólo universal sino también inmutable debe ser la lengua usada por la Iglesia. Porque si las verdades de la Iglesia Católica fueran encomendadas a algunas o muchas de las mudables lenguas modernas, ninguna de las cuales tuviera autoridad sobre las demás, acontecería que, varias como son, no a muchos sería manifiesto con suficiente precisión y claridad el sentido de tales verdades, y por otra parte no habría ninguna lengua que sirviera de norma común y constante, sobre la cual tener que regular el exacto sentido de las demás lenguas. Pues bien, la lengua latina, ya desde hace siglos sustraída a las variaciones de significado que el uso cotidiano suele introducir en los vocablos, debe considerarse fija e invariable, ya que los nuevos significados de algunas palabras latinas, exigidos por el desarrollo, por la explicación y defensa de las verdades cristianas, han sido desde hace tiempo determinados en forma estable."

Ya en la Segunda Parte de su documento, Juan XXII nos habla del potencia del latín para captar la esencia de las cosas y aprehenderlas:

"el latín, lengua que por el uso desde hace tantos siglos sabemos que es apropiadísima para explicar con facilidad y con claridad singular la íntima y profunda naturaleza de las cosas"

sábado, 18 de febrero de 2012

De momentos y palabras pronunciadas en una sola carne

Como el hijo que al leer
apoya su pequeño brazo
en el regazo de su madre,
y unido a ella en su tacto

prosigue hasta el final
de la tarde su lectura,
así contemplo yo en tu abrazo
mi vida prolongada en la tuya.

Es un momento entrelazado
a otro momento, un transcender,
azul, a otro Momento; una palabra que no es

sino un silencio de infinita levadura;
una escritura de inefable precisión
que una misma carne se pronuncia.

De confusiones y deseos de servicio

El Señor nos acrisola y va puliendo a base de correcciones y consuelos, castigos y regalos, humillaciones y contentos según lo vamos necesitando.

Es un Padre que entiende de qué madera estamos hechos.

Nos habla suave y dulce al oído, con su palabra penetrante que es Cristo.

Nos habla fuerte y firme, y nos enseña con voz recia nuestro camino, que el Espíritu despeja para nosotros con sus dones, haciéndonos posible el paso y el salto a través de los abrojos, las simas, los obstáculos.

En los momentos de confusión, la mente carnal se pregunta por qué el Señor castiga nuestro deseo ardiente de servirle y nos recluye en el silencio, aparentemente desaprovechándonos.

En los momentos de confusión, el corazón carnal se inquieta ante la ausencia de su mano amorosa, que reprime un abrazo de consolación para hacernos fuertes y darnos el valor que necesitamos.

Y rezamos con el salmista, abrazándonos a los salmos:

"¡Ad te, Domine, confugio.
ne confundar in aeternum!" (Sal 70 Vulg 1)

A Ti, Señor, me acojo,
no sea jamás confundido

Que es necesario detener la huída reposando en Cristo y esperando en Él

El rechazo por el patrimonio de verdades que heredamos de nuestros antepasados, o ese deseo insano y constante de cambios y nuevas valoraciones,

o la inquietud que empuja a buscar aquí y allá a ir probando nuevas opiniones y caminos;

como el rechazo a apacentarse en verdades inamovibles... no son más que muestras del espíritu de vértigo propio de la apostasía,

espíritu que atraído por la Ausencia del Logos hace caer individuos y sociedades enteras en un movimiento acelerado hacia ese nuevo centro antropotrópico que genera la Caída.

Nunca el ser humano sufre en mayor medida las consecuencias de la Caída que en la apostasía.

Porque no es sólo que esté herido, sino que rechaza al Médico que viene a salvarle dándole la Vida.

EL ESPÍRITU DE VÉRTIGO ARREBATANDO LA CULTURA
Pronto se dejó ver el movimiento hacia la ausencia del Logos en el arte musical "culto" de la sociedad contemporánea. A los ilustrados el mal afecta primero. En la llamada música clásica contemporánea predomina abrumadoramente la disonancia,

que es movimiento armónico no resuelto, tensión y aspiración permanente a la estabilidad, que es la consonancia, que la ordena y la resuelve. La disonancia es movimiento inconcluso; la consonancia, la conclusión y el reposo de la belleza. Los músicos del s. XX y del XXI idolatran la disonancia, crean un lenguaje musical nuevo, atonal, irracional, donde se anulan las relaciones lógicas y naturales entre los sonidos, y el alma se siente asaltada por lo malsonante, por lo no intelectivo, por la sofocación estridente y fea de sonidos sin sentido.

Es el feísmo, que ya empezó a calar en la pintura europea mucho antes. Las artes plásticas substituyen la calidad técnica, la excelencia formal por el poder de la mancha o de la línea truncada. La relación entre el dibujo y el cromatismo se desconecta. Lo feo se hace modelo y paradigma, como una disonancia de imágenes.

Podríamos ir pasando de diosciplina en disciplina, escultura, literatura, cine... e ir comprobando el avanza de la fealdad, de la falta de forma, de la disolución del logos, que arrebata la cultura hundiéndola en un remolino de vaciedad. ¿Somos en exceso negativos al decir esto? Puede ser, pero no podemos callar la verdad, aunque resulte duro conocerla.

SON LAS GRANDES VELOCIDADES DE LA AUTODESTRUCCIÓN
A nosotros no nos importa que nos llamen profetas de catástrofes, o apóstoles negativos. Nosotros hemos de dar el aviso. Es nuestra misión, sin caer en resptos humanos o en falsos miedos y prudencias carnales. Hacemos nuestros, muy nuestros, los versos de Prudencio, el gran poeta de la cristiandad:

"(...) iam necesse est audias
nolis uelisme, quis colatis sordium"

(es necesario que oigas,
quieras o no, qué clase de ignominias adoráis vosotros)

El ansia de velocidad de los tiempos apóstatas se refleja en el mundo de las grandes velocidades generadas por la técnica. El hombre caído sueña con vivir a la velocidad de la luz, y lo refleja en sus obras literarias o en el mundo del cine. Y es que la técnica coopera con el espíritu de vértigo nihilista y hace reales sus sueños.

El hombre caído quiere ir siempre más rápido, conseguir lo que desea más rápido; comida rápida, cultura de consumo fácil, aprendizaje rápido y sin esfuerzo; todos quieren abreviarlo todo. Y sobre todo el poder de Dios.

Quieren abreviar la fuerza del Todopoderoso para que aumente la fuerza humana.

Por eso el espíritu de independencia es hermano del espíritu de vértigo, que es espíritu de pseudoliberación, de desobediencia, de huída. La desobediencia desata del centro estable de las verdades morales, de la ley natural, que es enemiga número uno del espíritu de independencia, que desea enormes velocidades exisenciales.

Los hombres y mujeres poseídos por el Vértigo Originario, potenciado por la apostasía, se destruirán según ese mismo espíritu rápido. Como dice la Escritura:

"Velociter decident" (Sal Vulg 36) Velozmente se estropearán, se marchitarán, se mustiarán, como heno marchito, sicut faenum velociter decident,

Y como la hierba verde se agostarán secándose, al faltarles el Agua de Vida, que sólo mana de ese centro inamovible que es Cristo.

Todos aquellos hombres y mujeres poseídos por el espíritu de fuga seautodestruirán velozmente al liberarse de la ley natural.

La Escritura nos dice que ese centro inamovible es inatacable al mal,

y no se deja arrastrar por el remolino. Ese centro en que estamos a salvo de la gran corriente del Maelstrom es Jesucristo.

Lo dice la Escritura de la Iglesia: "Ipse aget", Él actuará. (Sal Vulg 35, 5)

Él actuará.

Él actuará des-centrándonos del mundo y su vértigo, y re-centrándonos en su Logos, que es verdad y gracia. Entonces se hace posible huir de la huída, detener la fuga, perder la propia identidad.

Fruaris securitate. Nos dice el salmista. Apaciéntate de seguridad. (Sal Vulg 36, 3)

Cálmate. Sosiégate en Cristo y detén tu huída.

Detén tu huída. Siste fugam dice Séneca.

Es la enseñanza de la sabiduría antigua.

Para Cristo es posible, para nosotros es posible detener el vértigo y asentarnos en la verdad, reposar en ella, disfrutar y alcanzar el centro inmutable y atemporal en que se está a salvo y es posible la belleza y la armonía.

"Aequiesce in Domino, et spera in Eo". (Sal Vulg 36, 7)

Aquiétate en el Señor, y espera en Él.

En esta quietud es posible la esperanza, que es la Gracia de Jesucristo (1 Pe 1, 13)

lunes, 13 de febrero de 2012

De la santidad objetiva e indefectible de la Iglesia

Objetivo y subjetivo. Sobrenatural y natural. Se confunden los planos, se mezclan los órdenes.

La santidad de la Iglesia procede de una sustancia objetiva inaccesible al mal: la Vida sobrenatural de su Cabeza, el Logos Viviente, el Verbo Encarnado.

Ningún pecado de los bautizados puede mancharla, alterarla, contaminarla, reducirla.

Porque la santidad de la Iglesia procede de la vida sobrenatural de Dios mismo, y ninguna sustancia creada, o ningún mal producido por criatura alguna,

puede siquiera tocarla.

A otro plano pertenece, pues, el mal de los bautizados.

Los pecados de los hijos de la Iglesia no merman su santidad objetiva, pero hieren su vida subjetiva, la vida de sus miembros, pues todo mal se difunde por el cuerpo adámico al que todos pertenecemos.

Por la Comunión de los Santos beneficiamos la vida de cada sujeto, de cada miembro. Por la comunión de los males la perjudicamos.

No son los bautizados los que hacen santa a la Iglesia,

sino la Iglesia la que santifica a los bautizados.

De monstruos y remolinos y del único centro inconmovible

El Espíritu de Vértigo pone todo en movimiento hacia el Maelstrom, de forma que esencias y accidentes sufren la Gran Reducción, cada uno en distanta medida y en distinto grado.

Las especies y su existencia quedaron alteradas, mas no destruídas. Aun conservan la huella de su Creador. Una huella crucificada. Todavía son signos para la razón natural, en sí misma también alterada, más no destruída.

La Caída Originaria: Caribdis succiona las esencias y sus accidentes en distinto grado y en distinta forma.

Es la Gran Reducción que opera en las formas un movimiento constante de fuga y de disminución.

El Monstruo Remolino, Caribdis, al que se enfrentaba el héroe griego, se hace más fuerte en tiempos de vértigo nihilista, que suma fuerzas con él.

Los nuevos seres humanos que pedía el Concilio Vaticano II son los santos, con cuya Gracia operante en obras de Vida plantan cara al Gran Remolino succionador, el Gran Monstruo Devorador de sentido y vaciador de esencias (Χάριβδις significa reductor, vaciador, succionador)

El Vértigo Originario reduce las esencias a un mundo de predación entregado al Caribdis originario, suscitado por la Caída y engendrado por ella.

El centro de este remolino es el pecado.

Pero Cristo nos pone a salvo de él, nos libera del poder succionador del torbellino, nos acoge en la quietud absoluta de su Palabra por la Gracia.

En este remolino sólo Cristo es el Restaurador y Pacificador,

el Logos que devuelve a cada cosa la identidad huída y la hace reposar en su propio ser.

Frente al espíritu vertiginoso suscitado por la Caída y sus leviatanes nihilistas,

la luz de la Palabra eterna e inamovible, perfecta y duradera, que no pasa:

Stabiles estote et inmobiles.

Estad firmes e inconmovibles (1 Cor 15, 58)

En el torbellino de la fuga originaria,

solamente la Gracia nos mantiene en el centro estable e inmutable de todo,

que es Jesucristo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Que es necesario dar aviso

Hay grupos y ambientes eclesiales donde nunca se practica la máxima del Peristephanon que el aragonés Prudencio pone en boca de San Román:

"(...) iam necesse est audias
nolis uelisme, quis colatis sordium"

(es necesario que oigas,
quieras o no, qué clase de ignominias adoráis vosotros)

Es necesario avisar de la ignominia.

Porque para el que permanece en el pecado que da la muerte no hay catequesis que valga, si permanece en el error que excluye de la vida de la Gracia.

Y a los que se nutren complacientes y curiosos de los errores imitadores de verdades, extractados de libros pseudoteológicos de moda,

de las palabras vanas de los disidentes que aplauden la cultura de la muerte,

hay que decirles con delicadeza pero con claridad lo mismo que San Román:

"Tu cur piaclum tam libenter lectitas"

¿¿Por qué lees tan a gusto semejantes impiedades??

sábado, 11 de febrero de 2012

Sobre el espíritu de vértigo infundido por el pecado en las formas naturales

Es lógico pensar que originalmente se daba una unidad entre la forma de un ser vivo y su esencia.

Las semejanzas morfológicas entre las plantas no indican, en multitud de casos, semejanzas de naturaleza, ni afinidades taxonómicas. Pero esto se ha de deber a un desorden producido por el pecado original.

La genética desvela parentescos ocultos a la morfología. Pero esto no demuestra que la morfología de un ser vivo sea independiente de su esencia, sino que se ha producido un desajuste, un desenfoque, un desorden.

Cuando Dios creó las especies animales y vegetales, pudo haberlas creado de forma fija y definitiva, y el pecado original haber introducido en sus esencias el movimiento, el cambio, la transformación, el espíritu de vértigo, que es efecto universal y cósmico del pecado, según lo dicho por la Escritura:

"Miscuit in medio eius spiritum vertiginis" (Is 19, 14)

Por efecto de la Caída, todo entra en movimiento vertiginioso, todo huye de sí mismo, y aunque no queda destruído, necesita del Logos restaurador del orden para aquietarse y descansar en sí.

Así, los cambios morfológicos pueden ser efectos de ese movimiento artificial introducido, de forma que los órganos ya no tienen un sentido, una razón de ser, sino una función, una utilidad.

Es importante diferenciar entre el sentido de un órgano, una parte o una forma, y su función o utilidad.

La subordinación de las esencias a la utilidades de sus accidentes sólo puede ser efecto de la Gran Reducción obrada por la Caída en el mundo natural por medio de ese espíritu de vértigo infundido en el centro de las cosas, es decir, en la esencia misma de las formas creadas.

De esta forma, no es que haya formas buenas o malas, sino formas en que el Pecado opera una Reducción, una Disminución de Sentido, un vaciado ontológico del propio logos en función de la utilidad en un mundo de violencia, muerte y predación. Pero...

Stat crux dum volvitur orbis.

Todo lo creado sin embargo permanece quieto crucificado en la Cruz con el Logos. Es en el Logos Crucificado, por Quien todo fue hecho, que cuanto sufre el espíritu de vértigo en su propio ser por efecto de la Caída, permanece en espera de la restauración final por obra del Logos.

Se mantiene en sí mismo como en estado de promesa.

Así, mientras el gran remolino produce reducciones de sentido en lo creado y lo empuja a un constante movimiento de fuga de sí mismo, su esencia permanece viva crucificada con el Logos, y mantiene su identidad como en promesa, padeciendo la herida originaria que domina el mundo postadámico.

Todo lo creado por Dios, pues, permanece a la espera de la recuperación plena de su propia identidad.

El mundo de los seres creados y sus formas se mueve vertiginosamente y permanece, al mismo tiempo, en modo de espera, gimiendo unos dolores de parto que sólo el triunfo total y final del Logos viviente aliviará con el reordenamiento gratuito de todo.

Y así cuanto fue creado gratuitamente recuperará su gratuidad.

viernes, 10 de febrero de 2012

De una Voz que me llama

Atravesando las sombras,

desde muy lejos,

llega hasta mí la voz

del Hombre de Galilea,

que me llama.

Me está llamando por mi n0mbre y yo escucho su voz,

y su Voz me hace nacer de nuevo.

Ya nada temo, se disiparon las sombras,

durante toda la noche ha estado sonando su voz,

mi Dios y Señor me llama y yo corro tras a él,

y voy a su encuentro

y todo lo dejo y en nada me entretengo por el camino,

sino en amarle y amarle y darle gracias arrebatado de amor.

Porque me ha encontrado y yo estoy con Él para siempre.

De tonos y onomatopeyas

Reflexiones sobre música.

De Janequin resulta llamativa su vulgaridad. Una polifonía carnal, vestida de onomatopeyas. Imita sonidos del mundo de la caza, de los barrios bajos, de los trabajos y artesanías del mundo.

Desprez también las usa, imitando la estridulación de los grill0s, por ejemplo. Pero es más fino y delicado.

Lo contrario de Janequin es el gran Orlando de Lassus, un músico de enorme potencia espiritual. Lástima cayera en tonos profanos, que al final de su vida, sin embargo, fueron trocándose en tonos más puros y ascéticos.

Lo cómico y lo plástico también encuentran expresión en la Ensalada polifónica, sobre todo en Flecha. Pero aquí la onomatopeya está depurada por una orientación plenamente teotrópica.

jueves, 9 de febrero de 2012

Sobre el Latín y la Botánica

"Aquellos que desean continuar ignorando la lengua latina, no tienen nada que tratar con el estudio de la Botánica" (John Berkenhout, 1789)

Así de tajante se manifestaba el autor de esta frase, en un contexto en que la lengua latina era el medio de expresión y pensamiento propio del conocimiento, tanto del natural como del sobrenatural.

La Iglesia, al hacerse cargo de esta lengua, junto con el griego, se hacía heredera del vasto saber de la veterum sapientia, la sabiduría antigua de griegos y romanos que preparaba el Evangelio a modo de preámbulo natural, como refleja el impresionante documento del Magisterio de Juan XXIII, llamado precisamente Veterum Sapientia.

La Iglesia, al hacerse cargo de esta lengua y promover el pensar en sus términos, traspasó el propio conocimiento natural con las categorías gnoseológicas de la lengua eclesiástica, e impregnó la ciencia con su espíritu preciso, diamantino y atemporal, predisponiéndola para la comprensión metafísica de los fenómenos naturales.

Era un reflejo de un hecho fundamental del saber científico: la primacía absoluta de lo teológico. la Ciencia Sagrada es el centro vivo capaz de hacer converger hacia sus categorías todos los saberes parciales. Y esto lo realizaba la teología de manera natural con el uso de la lengua metafísica y sustantivadora por excelencia, la lengua latina.

La ciencia se expresaba en latín de forma natural, y era impensable alejarse de esta lengua, como refleja el impresionante comentario de Berkenhout.

Que el Latín y la Botánica estén relacionados íntimamente se entiende en una dimensión epistémica del pensar botánico.

No es sólo que el Latín ponga nombres y apellidos a las plantas, es que aprehende lo vegetal de acuerdo con sus categorías atemporales. Lo que proporciona al conocimiento botánico, a la taxonómica y a la morfología especialmente, es un status metafísico atemporal, universal y duradero, a salvo de las ideologías que en ocasiones nublan la mente de los científicos debido a los vaivenes humanos de las culturas.

Impresiona igualmente este texto de E.J.H. Corner de 1960:

"Nosotros los botánicos mantenemos vivo el latín. Nosotros lo leemos, lo escribimos, lo mecanografiamos, lo hablamos cuando las lenguas maternas no resultan apropiadas, y a través de él conseguimos trasladar cosas tan maravillosas como las flores de la orquídeas y los hongos microscópicos a la comprensión universal. Si no lo hiciésemos, la Babel de las lenguas y las grafías pondría fin a nuestra armonía, y estaríamos a merced de la política"

lunes, 6 de febrero de 2012

De anonadarse totalmente para ser totalmente de Dios

No se entiende apenas el aniquilamiento de Cristo, desde su Encarnación hasta su Crucifixión.

Ni se entiende que a ese anonadamiento estamos llamados.

El anonadamiento del Verbo es parte, ya, de ese aniquilamiento voluntario de Dios.

Que Dios mismo elija pobreza, intemperie, persecución, humillaciones, flagelación, ultrajes, escupitajos, escarnios, espinas, llagas, clavos, vinagre, muerte; para salvar a quienes le desobedecen, renunciando de esta manera escandalosa al ejercicio de su propio poder, es algo que sólo se puede comprender bajo la perspectiva sobrenatural de esta voluntaria aniquilación salvífica: HACERSE VÍCTIMA.

Carlos de Condren comprendió que el cristiano está llamado a imitar al Señor por este camino, y enseñó esto con una profundidad inigualable.

El padre Pourrat condensa de esta manera todo cuanto vió y gustó de esta doctrina el director de M. Olier:
"Estado de Hostia, disposición de anonadamiento interior. Debemos aniquilar en nosotros nuestra malas inclinaciones y aniquilarnos a nosotros mismos para reconocer nuestra nada ante Dios.

"
De Condren, que meditó especialmente sobre el sacerdocio y el sacrificio de Jesucristo, ve el ejercicio de ese sacerdocio y los elementos de ese sacrificio en los anonadamientos del verbo Encarnado...

"Si nos sacrificamos totalmente es para ser totalmente de Dios. La víctima del sacrificio no es recibida ni aceptada por Dios hasta que se destruye y consume totalmente. Por eso debemos sacrificar y anonadar todo lo que tenemos y somos a fin de no ser nada sino en Dios y por Dios.

"Cuanto menos seamos nosotros mismos, más seremos Cristo. (...) Cuanto más vacíos estemos de nosotros mismos, más llenos estaremos de Dios. Nada se arroja sobre el molde sin estar previamente fundido: es preciso pues destruir y fundir en nosotros al viejo Adán para convertirnos en Cristo".


Hacia el punto cero

¿Cómo puede estar presente el mal en las formas estéticas, cómo puede actuar en ellas? La dificultad de definir el mal estriba en la dificultad que encuentra nuestro entendimiento para elaborarse una representación formal de la nada, es decir, de la ausencia del Logos.

El rostro del mal es el rostro de la Gran Reducción ontológica, el gran vaciado:

de la nada a la Ausencia, y de la Ausencia al hábito del mal.

Una nada reductiva que, por ser nada, no es objetivamente esencial, pero que actúa en los sujetos vaciándolos; y actúa en forma de muerte, mentira, irrelevancia, intranscendencia, error, fealdad.

Para contemplar y discernir adecuadamente el problema del mal en las formas estéticas es necesario situarnos ante el arte bajo la perspectiva de lo eterno

Santo Tomás, San Agustín y toda la metafísica cristiana nos hablan de la falta de esencia del mal. Sólo el bien tiene esencia o, mejor dicho, solamente lo bueno es. Siendo Dios el Bien, sólo de Dios procede cualquier bien.

Sólo aquello que procede del Bien, que es Dios, tiene esencia.

Dios se presenta a su pueblo de una forma categórica: Yo soy el que Es, Yo soy el Ser, solamente Yo soy. El rostro de Dios es el rostro de la Esencia. A la pregunta fundamental: ¿Quién es la Esencia? Respondemos: Dios, El que es. Jesucristo, el Verbo Encarnado, el rostro de Dios, evoca en nosotros, por el Espíritu, el supremo gesto del Bien, su Forma suprema, la belleza en cuanto forma buena del ser. Lo irrelevante, la fealdad, lo intranscendente, evoca en nosotros, en cambio, por el pecado, el horrendo rostro del mal, es decir, la forma del no ser, del rechazo actual de Dios, el no radical a su Esencia.

El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios. Perdida la semejanza por el pecado, es recuperada y aumentada por la Gracia de Cristo. El ser humano en gracia tiene capacidad para darse cuenta de lo feo y lo vacío, tanto del mundo creado herido por el pecado, como del mundo de las formas en general. El conocimiento estético es posible y objetivo. Porque el ser humano tiene capacidad para apercibirse de lo afectado por la Gran Reducción tras la Caída.

Desde el principio del tiempo del hombre el mal fue entendido y vivido como privación de bienes. Nuestros primeros padres, por la soberbia, experimentaron las terribles consecuencias del mal, vivido radicalmente como una exclusión de Dios, como expulsión del Bien que estaba en nosotros. Arrojando fuera de sí mismos a Aquel que Es, nuestros padres arrojaron fuera la esencia y se dejaron vaciar por el pecado. Nosotros, con esta naturaleza herida por la nada, nos vaciamos de la esencia divina participada y de nuestra propia identidad creatural cuando pecamos mortalmente y morimos a ella.

El mal es una reducción, una privación, una gran carencia, una nada que existe sin existir. Así, el verdadero rostro del mal se nos aparece desde el principio de nuestra historia con la imagen de una terrible privación, de un vaciado doloroso, de una espantosa reducción progresiva. El rostro del mal es el rostro de un ser humano que dice NO a Aquel que Es, y se queda vacío.

Pero, ¿cómo es el rostro de la nada? Si sólo Dios Es, todo cuanto queda fuera de su acción vivificadora no es. El mal, como rechazo de Dios, es un no querer ser, un carecer determinado de un Bien, que es el que Es.

A mayor mal, mayor reducción.

Por la pendiente del mal, que es el pecado, se desciende hasta el punto cero ontológico: la ausencia radical de bienes, la nada absoluta, la condenación, la irrelevancia metafísica. Caminar en pecado es caminar progresivo hacia el punto cero, un descenso hasta el abismo. Así como el mal no tiene esencia, el pecado nos vacía progresivamente.

El rostro del mal se va formado a medida que el pecado va agrediendo al sujeto del que el Logos se va retirando y va generando en él un vacío progresivo de bienes, una agresión a la naturaleza propia, como dice San Agustín.

El rostro del mal es el rostro de la reducción al punto cero metafísico. La irrelevancia absoluta.

La acción del mal en las formas estéticas consiste en diseñar en ellas el rostro de esa reducción de esencia creatural y pseudocrear una falsa belleza. Por algo dice San Jerónimo que el espíritu del mal es el mono imitador de Dios.

Pero no nos engañemos. Si el rostro del mal nos mira desde el mundo es porque en verdad nos mira desde el fondo de nuestra pseudolibertad. El mal toma existencia en nosotros por la acción del pecado. El mal no existe por sí mismo, pues no tiene esencia.

Pero no es menos cierto que podemos cegarlo y anularlo en nosotros:

Cristo, por la Cruz, nos da los medios necesarios para cerrar los ojos del mal que nosotros mismos hemos creado.

jueves, 2 de febrero de 2012

El joven Mártir

Regada por la colina
su sangre llega al mar
y funde las olas.

Abre sus brazos en cruz
entregándose al Padre.

Su pecho recoge un Latido más hondo
y determina un camino de paz
total e invulnerable.

Brotando del cuerpo estragado
se eleva el dolor a Jesús
hasta las llamas de nubes.

Con dulce sonrisa su rostro confiesa
la inmensa victoria final.

Sobre el albaricoque en flor

Sobre el silencio gotea algo dorado,
que pende de vasijas
sobre lo eterno colocadas.

De cuando en cuando, como flores,
dejan los niños
sus juegos bajo el árbol.

Como en la mano una señal
a objetos que se entregan, transparentes,
a su propio ser,

tiemblan las flores
en pequeñas ramas:

Sobre la casa
no encendida en tierra alguna,
sino en canto y en figura,

se acercan las manos a tocar
su propio adiós.

miércoles, 1 de febrero de 2012

De antiguos caminos que pasan al otro lado

Destellos del Monte Tabor,
visiones de oro líquido,

senderos oscuros, colinas de plata,

caminos que pasan
al otro lado.

Rastros, corolas de luz, pavesas,
restos de polen sobrenatural,

como una túnica inconsútil de seda
que se desliza sobre mi corazón
dejando azulado el camino de piedra...

Así contemplo cuanto fuera excelso
tornarse tesoro sin valor ni peso;
así las cosas que a su ser se deben
volverse grises y leves,
sin remedio.

Formas bellas de otro tiempo
estremecidas de Liturgia,

cuajadas de incienso,

como torrentes que no han dejado nunca de caer
desde el silencio del mar
hasta lo más hondo del cielo.

De una dorada melancolía
está entornada mi alma;

hacia otra luz
se inclina mi corazón,
y estando ya en camino,
de crepúsculo rendido,

como un arbusto en flor dormido
bajo un sombra de azul

camino bajo el sol del Hogar
hacia otro tiempo
y otro destino.

Lo bello pasa por sí,
pero perdura por Cristo.

De Formas transfiguradas y Presencias

Dios conserva su obra, está presente en todo lugar con su poder, todo depende de su Aliento, de su divina inmensidad, para poder ser y seguir siendo.

También está presente de otra forma, por la Gracia, con su Santidad, que deviene en Sacramento.

En el Horeb la Presencia del Todopoderoso cobra apariencia de nube y fuego, se hace irradiante y llena de santo temor de Dios a su Pueblo.

Exodo 24, 12 El Señor dijo a Moisés: “Sube hasta mí, a la montaña, y quédate aquí.

17 El aspecto de la gloria del Señor era a los ojos de los israelitas como un fuego devorador sobre la cumbre de la montaña. 18 Moisés entró en la nube y subió a la montaña. Allí permaneció cuarenta días y cuarenta noches.

Desde las páginas desérticas del Éxodo la Presencia del Todopoderoso atraviesa el tiempo y el espacio y nos alcanza a nosotros por Cristo Transfigurado, estremeciendo milenios con su fulgor, fundiendo cordilleras de oro líquido con su fuego, forjando sagrarios con su santidad.

La luz fructificante de su Presencia, que vino a Moisés a bañar su rostro de potencia, nos alcanza también a nosotros a través del resplandor transfigurado de Jesús en el Tabor, que es el nuevo Horeb.

También Moisés está presente en el Tabor, con Elías, pues a ellos les fue dado contemplar la gloria de Dios.

Elías viaja al monte Horeb.

1 Reyes 19, 8:"8 Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb.

Vuelve a viajar al Monte de la Presencia cuando Jesús se transfigura.

La Presencia del Todopoderoso no reside ya en la nube ni en el fuego devorador, sino en el Cuerpo de Cristo.

La Presencia total de Dios en Cristo el Verbo habita en la filiación sobrenatural participada a que estamos convocados sus hermanos adoptivos.

La santidad de los hijos de Dios, es santidad de subida a la Presencia Transfigurada de Jesús.

Subir a la montaña de Dios es subir sacramentalmente a su Divina Presencia.

Cristo sube al Tabor, y toda su Divinidad cobra presencia fulgurante y transfiguradora.

Moisés sube al Viejo Tabor, el Horeb. Pero Moisés no se transfigura, porque sólo es un hombre. Cuando Dios Hijo se transfigura en el Nuevo Horeb, que es el Tabor, Moises contempla la plenitud de la Presencia, que antes sólo puedo ver bajo forma de nube y fuego irradiante.

Pero la forma de la Presencia es ahora la Presencia misma de Cristo

Tras la Ascensión del Señor, los bautizados, por Gracia, somos convocados a ser forma libre de la Presencia de Dios.

La santidad es presencia plena del Transfigurado en sus hermanos adoptivos.

La santidad nos hace portadores de la Presencia de Dios.

Es Presencia Adoptada, presencia Participada, no en forma de nube o fuego devorador, sino en forma filial, en forma de hijo, en forma de criatura transfigurada por el Transfigurado.

Es la Transfiguración Adoptiva de los santos, por la que portan la presencia irradiante de la Divinidad.