Lo escucho en una sentida versión de un coro juvenil de Jersey. Al final del canto litúrgico se escuchan aplausos., propios de un teatro. Hace no mucho se cantaba durante la Misa, integrado a la perfección en la Divina Liturgia, Ahora sólo en salas de conciertos. Este descenso del Arte Sacro a lo mundano sólo puede entenderse como una batalla lograda por el maligno. Siento un inmenso dolor por la pérdida de esta música litúrgica. Pero este dolor no mengua un milímetro mi confianza en la Iglesia.
Omnia quasi oculo Dei intuemur -como si todo lo viéramos con Sus ojos- (Santo Tomás de Aquino)
viernes, 31 de diciembre de 2010
Adoramus te, Christe
Lo escucho en una sentida versión de un coro juvenil de Jersey. Al final del canto litúrgico se escuchan aplausos., propios de un teatro. Hace no mucho se cantaba durante la Misa, integrado a la perfección en la Divina Liturgia, Ahora sólo en salas de conciertos. Este descenso del Arte Sacro a lo mundano sólo puede entenderse como una batalla lograda por el maligno. Siento un inmenso dolor por la pérdida de esta música litúrgica. Pero este dolor no mengua un milímetro mi confianza en la Iglesia.
Del combate del cristiano y de la Historia Sagrada de ese combate
El rechazo de las Gracias recibida por la Tradición. Rechazo que va estrechamente unido a un optimismo antropológico relativo al momento presente: sobrevaloración del progreso y de la sociedad del bienestar actual, y minusvaloración del pasado.
La vida cristiana deja de verse como ese combate contra el poder de las tinieblas de que nos habla con potencia Gaudium et Spes, 37:
"el hombre, inmerso en esta batalla, tiene que combatir continuamente para seguir el bien, y sólo con grandes trabajo y el auxilio de la Gracia divina puede obtener la unidad dentro de su interior"
Es una especie de pelagianismo doctrinal y ascético, propio del cristiano que se cree sin antepasados en la Gracia. Sin antepasados que puedan servirles a ganar el combate del tiempo presente. Porque ve el pasado de la Iglesia como algo oscuro, y el presente como algo luminoso.
Causa: no es capaz de ver el pasado de la Iglesia como auténtica Historia Sagrada.
No es capaz de percibir, recibir las Gracias que preceden al momento presente, gracias de combate que iluminan la lucha del momento presente. Se siente sin herencia, huérfano.
Son cristianos que no leen a los Santos Padres,que no estudian el Magisterio anterior al Concilio Vaticano II, porque lo consideran superado; que no les dicen nada la vida y escritos de los santos... "Todo eso está superado". San Agustín, Santo Tomás, el Concilio de Orange, el Tridentino, las obra magisterial de Leon XIII o Pio IX... las obras místicas de Santa Teresa de Jesús, los detalles doctrinales luminosos del cardenal Cayetano en su combate doctrinal contra la herejía luterana... Todo esto y más lo creen pasado, inactual, inservibles, prefieren leer a los pseudoteólogos de moda.
De esto no me cabe duda. De este cristianismo optimista, pacifista, autocomplaciente, que quiere la aprobación del mundo de hoy, sin Tradición, asimilado en el corazón de tantos, tantos cristianos, brotan efectos tenebrosos que sólo podrán ser combatidos con las buenas armas de la Tradición, Gracia probada, y la Escritura, iluminada de forma inerrante por todo el Magisterio.
¿Cuáles son esas buenas armas? Las que ha habido siempre. Sacramentos, vida de santos, pobreza, castidad, Misa, limosna, ayuno, penitencias, mortificaciones físicas y espirituales...
Si se cree que es posible salvarse únicamente con "valores cristianos", sólo con solidaridad, justicias humanas y programaciones y planes pastorales, con los propios medios presentes y actuales... ¿para qué los tesoros de la Historia Sagrada de la Iglesia? Pasan a segundo plano.
Pero la Gracia no se cancela a sí misma.
Existe una forma pelagiana, también, de contemplar el Magisterio de la Iglesia. La observo sobre todo en teólogos ortodoxos, que quieren ser rectos, pero que confían demasiado en las fuerzas autónomas del propio presente y se vuelven liberales.
Pero los cristianos miramos al pasado desde abajo, no desde arriba. Porque el pasado ilumina el presente.
El pasado encierra el tesoro que se transmite de generación en generación, que proyecta su luz inerrante sobre nuestras incertidumbres actuales y orienta el camino peregrinante de los cristianos. Y no es que se funda con lo presente, con lo nuevo. Es que en la Iglesia de Cristo no hay nada propiamente novedoso. Todo, en estos dos mil años, es igualmente fresco y nuevo y luminoso.
Lo que aumenta es nuestra comprensión, nuestra inteligencia, nuestra propia luz.
Pero por entender que nosotros tenemos, en la época presente, una luz propia que ilumine el pasado, perdemos la luz eterna que ilumina nuestra inteligencia. Del pasado recibimos.
Es el tesoro de las Gracias recibidas, la Historia Sacra de la Iglesia, las gracias dadas por el Espíritu a sus hijos, a nuestros antepasados en la Gracia, las que heredamos y nos enriquecen, y nos aportan a nosotros aumentando nuestra comprensión de la divina economía salvífica; gracias a esa herencia sagrada es nuestra inteligencia mayor, no porque nosotros pongamos ahora más de nuestra parte al pasado.
Nuestro presente, aún, no es historia sagrada. Pero la vida de la Iglesia, hasta hoy, sí lo es.
La revelación divina no es imperfecta, no tiene elementos quer pasan de moda o pierden eficacia, no tiene que aumentar o disminuir o mutar de modo alguno.
Es el error solemnemente condenado en el Syllabus:
"Error V: la revelación divina es imperfecta y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido correspondiente al progreso de la razón humana."
Lo que es imperfecta es nuestra comprensión humana, pero no el Magisterio de la Iglesia, que está asistido por el Espíritu de Cristo.
Momentos antes de su martirio, San Martín I lanza su clamor hasta el cielo, para que lo escuchemos también, ahora, en el siglo XXI, los cristianos de hoy:
"por la intercesión de san Pedro, establezca Dios los corazones de los hombres en la fe ortodoxa, y les haga firmes contra todo hereje y enemigo de la Iglesia. De fuerza al pastor que gobierna ahora. De tal suerte, que, sin ceder en ningún punto, ni siquiera mínimo, y sin someterse en parte secudaria alguna, conserven íntegramente la fe profesada ante Dios y ante los ángeles santos"
Estos herejes no son esas personas que de buena fe sostienen doctrinas erróneas o vagan sin rumbo buscando inculpablemente, con buena voluntad, pero con limitaciones, una luz. Se refiere a esos cristianos carnales, falsos profetas que tienen intención deliberada de perder a otros, de atacar las verdades de la Iglesia para hacer sospechosa la verdad, de gloriar su inteligencia humana, demasiado humana, a costa de la negación de la doctrina luminosa.
Y es que hay teólogos que niegan la maldad en el corazón humana, pretenden que nadie es malo, que no existen personas malas que pretenden perder a otros.
Actualmente hay muchos lobos disfrazados de ovejas disgregados por el rebaño, apartado a los fieles de la Iglesia, paralizando las misiones, vaciando los seminarios de jóvenes con vocación, que escucharon hablar de un cristianismo humanista pelagiano sin atractivo, y que los hundió en el hastío... Falsos profetas de un cristianismo sin Cristo, contra los que alza su voz San Martín I.
Estamos en guerra, no lo olvidemos, contra el poder de las tinieblas, contra el mundo, el diablo y la carne. Y en esa guerra no estamos solos. El ejército innumerables de los santos que nos han precedido nos acompaña en el combate.
"A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final" (Gaudium et Spes, 37b)
martes, 21 de diciembre de 2010
Lenguaje equívoco, doctrina equívoca II
Dios sólo te pide un ratito de oración al día.
Se nos dice a menudo a los laicos en la Misa. El sacerdote no quiere
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Más bien es lo contrario: Orad sin cesar (1 Tesalonicenses 5, 17)
Dios no quiere que renuncies a tus cosas.
Crees que Dios no quiere que pierdas las cosas que son importantes para ti, sino que te quedes con lo tuyo, que lo conserves, porque es importante para ti. Y que dejes un huequecito para Él en tu vida: y te dicen :hazle un hueco a Dios en tu vida.
Sin embargo, mira lo que dice Cristo: Quien encuentre su vida la perderá; pero quien pierda por mí su vida, la encontrará (Mateo 10, 39)
Dios cree en el hombre.
Pero, ¿no es el hombre el que debe creer en Dios? Mira lo que dice Jesús del hombre: ¿Cómo podéis decir cosas buenas, siendo malos? Mateo 12, 34.
Entre todos lo conseguiremos.
Crees que es problema de unidad y de arrimar el hombro: "cada uno va a lo suyo". Porque opinas que el bien procede de lo humano. Qué daño hace el pelagianismo.
Sin embargo, muchos, uno, o multitudes, no curan la indigencia original del ser humano.
Mira lo que dice Jesús (Juan 15, 5) Sin mí, no podéis hacer nada
En la vida cristiana, lo importante son los hechos, no las palabras.
Te parece que a las palabras se las lleva el viento. Sin embargo te digo que las palabras son la vida de los hechos. Sí, su vida, su sentido, su alimento. Mira lo que dice Jesús de sus palabras:
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24, 35) Las que se lleva el viento son las nuestras, ¡pero no las de Jesús!
Busca un momento para estar solo, y descubrirte a ti mismo.
Solo contigo mismo, para descubrirte. Pero, ¿aún no sabes como eres? Eres malo (Mateo 12, 34) Busca un momento de soledad más bien para estar con Cristo, y descubrir a Cristo, y que Él te haga bueno, porque sólo Él es bueno.
La belleza está en tu interior.
Mejor no mencionemos lo que está en nuestro interior. La belleza está en Cristo. Y si Cristo está dentro de ti, por la Gracia, entonces la belleza está en tu interior.... pero si estás en pecado mortal, ¿qué belleza podrás encontrar ahí? Ve a la Santa Penitencia, a la Santa Eucaristía, para que tengas la belleza en tu interior, para que tu interior sea bello.
Dios pone su parte. Ahora falta que tú pongas la tuya.
¿Entonces hay algo que el ser humano pone de sí, propio y específico? No, no hay una parte tuya que hayas de poner. Pues lo tuyo también proviene de Dios, y si es tuyo es porque Él te lo ha dado, y te da asimismo el poder ponerlo voluntariamente. Esto nos enseña la doctrina católica de siempre, perfecta e inmutable. Lo que tú has de poner libremente es...parte de Dios también.
Hay cosas que provienen de mi libertad y no de Dios.
Hay cosas que no proceden de la Gracia sobrenatural, pero eso no significa que provengan de tu libre albedrío como de su fuente. Has de saber que aun aquellos bienes naturales que realices, como regar una planta que se está secando, provienen de Dios, que es causa universal de todo bien (por su concurso divino y providente). Y ni aun regarla podrías si Dios no te lo da. Así lo enseña el Sínodo de Orange: Can. 20: «Que el hombre no puede nada bueno sin Dios. Muchos bienes hace Dios en el hombre, que no hace el hombre; ningún bien, en cambio, hace el hombre que no otorgue Dios que lo haga el hombre».
domingo, 19 de diciembre de 2010
Lenguaje equívoco, doctrina equívoca I
Es obvio. Porque su doctrina es equívoca (arrianismo, pelagianismo, semipelagianismo...), y aún seguirá siendo equívoca hasta que no clarifiquen el lenguaje de su fe según el Magisterio de la Iglesia.
Si contemplamos nuestra vida cristiana desde la fe de niños que quiere nuestro Señor, descubriremos sorprendidos que nuestro lenguaje no es de niños, sino de adultos que se creen muy importantes.
Hacer muchas y grandes cosas.
¡Qué importante soy en la Iglesia y qué grandes cosas estoy consiguiendo!
—No te engrías. Piensa: ¿qué diría de sí mismo el instrumento de acero o de hierro, que el artista utiliza para montar joyas de oro y de piedras finas?
Ser generoso con Dios.
Clarificación 2: El Señor es generoso con nosotros y nos colma de gracias. Seamos dóciles a ellas.
Nuestra esperanza está... y esta es la solución.
Clarificación 3: .El Señor es nuestra única esperanza. Amémosle de forma que le pertenezcamos totalmente y sea nuestro único pensamiento, en que lo esperaremos todo.
Equívoco 4:
Dale a Dios lo que Dios te pide.
Dios te pide que.... que... que...
sábado, 18 de diciembre de 2010
La Gracia y la libertad en sinergia
Yo andaba siempre buscando qué hacer para atraer a la gente a la Iglesia, qué programar, qué evento organizar, qué decir, qué cosas organizar...
Lo decisivo, sin embargo, es la Gracia, no los eventos, ni los programas de pastoral.
No buscaba en la Fuente, sino en cisternas agrietadas que quería hallar...en mí mismo: en mi creatividad, en mi inteligencia, en mi capacidad organizativa...
En primer lugar, debemos meter dentro de nuestra mente esta idea:
«Misterio verdaderamente tremendo, y que jamás se meditará
bastante, el que la salvación de muchos dependa de las oraciones
y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo
místico de Jesucristo, dirigidas a este objeto, y de la cooperación
que Pastores y fieles –singularmente los padres y madres de familia–
han de ofrecer a nuestro divino Salvador» (Mystici Corporis
1943,19).
La salvación, el apostolado y la santificación de un cristiano debe confiarse totalmente a la Gracia de Dios. La salvación no procede de la Gracia de Dios MÁS la libertad humana. No. La salvación procede TODA de la Gracia de Dios, porque ésta no es una fuerza exterior que salva por imputación,
sino una cualidad sobrenatural inherente que transforma y activa íntimamente la libertad humana.
El mejor apostolado y la mejor forma de atraer a la gente a la Iglesia es la Gracia:
Gracia y libertad en sinergia divina. No Gracia contra libertad, ni Gracia más libertad, sino Gracia y libertad en sinergia sobrenatural.
La Gracia divina genera la acción libre. No es Gracia más acción libre. No. Sino que la acción sobrenatural es libre por la Gracia. Cuanta más gracia, más libertad.
No es en gracia, pero libre. Sino sobrenaturalmente libre por la Gracia
Por el fiat, por el hágase en mí según tu Palabra, somos más libres que nunca.
El esclavo del Señor es el libre más libre del mundo. Las obras que proceden de la Gracia son las decisivas, porque lo decisivo es la Gracia. No las obras que proceden del yo, de lo que quiero, de lo que opino es mejor. Y aunque lo haga por Cristo, si no es lo que Cristo quiere, y no procede de la Gracia de Cristo, no sirve para nada.
En esto consiste el error semipelagiano tan extendido entre los activistas cristianos. Hay que hacer esto, seguir este Plan,organizar grandes eventos, elaborar programas de pastoral y disponer de recursos humanos y materiales.... no, no.
Lo que salva no son los las cosas, sino la Gracia que actúa a través de las cosas que Cristo nos empuja a hacer a través de nuestro fiat y que hacemos con Amor sobrenatural.
Lo que salva es la Gracia divina, y es la Gracia divina la que transforma. Cuanto actúa la Gracia, se pueden hacer maravillas con unos pocos recursos, con unos cuantos peces y unos cuantos panes.
La santificación es un maravilla que hace el Señor con el ser humano. Para ser santo no tengo que hacer esto y aquello y lo otro que yo quiero hacer por Cristo. No es lo que yo quiero hacer por Cristo, sino lo que Cristo quiere que haga. No lo que creo que me pide que haga, como si lo que yo le diera fuera lo decisivo, y no lo que Él me da y yo acepto. No, sino lo que me empuja a hacer y yo acepto hacer.
Para ser santo tengo que hacer lo que Dios quiere. Nunca lo que yo quiero. Siempre y sólo lo que Dios quiere.
No son las cosas que hacemos, sino la Gracia latente en las cosas que hacemos, lo que salva y santifica y transforma. Cuanta más caridad, más Gracia. Cuanta más Gracia, más valor salvífico, más valor apostólico.
¿Por qué? Porque la santificación procede de la acción de la Gracia en sinergia con la libertad humana movida por ella, no del hombre ni del mundo. No es el mundo ni las obras del mundo lo que nos santifica, sino la Gracia de Cristo.
Nuestro fiat nos convierte en arcilla, y Cristo se hace nuestro alfarero.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Sobre la "fe adulta" y una Defensa de la fe de los niños
1. En aquel tiempo, los discípulos se llegaron a Jesús y le preguntaron: "En conclusión, ¿quién es el mayor en el reino de los cielos?".
A una soberbia sin límite me suena esa respuesta a Ti de la llamada "fe adulta": una respuesta huérfana. Así no responde un buen hijo.
Que mis palabras te resulten gratas, Señor (Salmo 103, 35) A Ti, que miras la tierra y la haces temblar (Salmo 103, 32) No sea yo quien corrige a Aquel que hace temblar la tierra con su mirada.
Si me creo adulto, si cambiando la fe de niños me creo adulto y autosuficiente frente al Dios que mira la tierra y la hace temblar, ¿que respuesta podré darle al Dios que me habla?
Una respuesta de adulto: esto sí , esto no, esto lo cambio, aquí no dices esto, Señor, aquí hablas a los niños, y yo soy un hombre hecho y derecho...a mí háblame de otra manera, Señor... puedo comer de este árbol, no soy un niño para que me digas lo que debo o no debo hacer.
Pero yo no quiero hablarte así, Señor.
Tú quieres una respuesta de niño, de hijo.
Mira a los sabios de este mundo. Si les privas de aliento, mueren (Salmo 103, 29). Esos que si les privas de aliento, es decir, de tu Palabra de Vida, de Cristo mismo, mueren, son los que pretenden corregir tu Palabra y hacerla palabra de mayores.
¿Pueden ellos mirar la tierra y hacerla temblar?
Señor mío y Dios mío, ayúdame con tu Gracia a hacerme niño, contra lo que quiere mi carne de adulto. Mi espíritu quiere hacerme de niño según el hombre interior, pero mi carne me dice: eres adulto según la carne exterior.
Si me privas de tu Palabra moriré, pues soy pequeño y por mí mismo nada puedo.
Quiero ser niño y aprender a hablar con la Palabra que sale de tu boca, de la que vivo como de Pan (Mateo 4, 4)
Quiero, con tu Gracia, hacerme niño para aprender a hablarla como me enseña mi Madre. Quiero asombrarme contigo, Señor, verte caminar sobrse las aguas, mover los montes de un lado a otro, multiplicar los panes y los peces y alimentar a una multitud, resucitar a tu amigo muerto en el sepulcro y resucitar Tú mismo de entre los muertos.
sábado, 4 de diciembre de 2010
De padecer por Cristo en paz glorificante y perfecta
Nos lo enseña el Espíritu en Filipenses 1:
¿Cómo podríamos pacificar nuestra corporeidad atribulada sin Cristo, que es la fuerza y el poder de Dios? Pues donde vive la paz de Dios, que es la Gracia santificante, no hay tribulación. Para esto se nos da la Gracia: para vivir en paz glorificante por la Gracia. ¿Cómo podríamos sin su cruz a secas, sin nada de nuestra carnalidad, desnuda de nosotros y toda del crucificado?