1. MUCHOS MALES AFLIGEN AL PUEBLO DE DIOSQueda oscurecida. Y quedar a oscuras en plena batalla contra el poder de las tinieblas es cosa bien dramática.
3. PARA DARNOS CUENTA DE LOS ENGAÑOS DEL MALIGNO HEMOS DE CENTRARNOS EN CRISTO Y NO EN EL HOMBRE
Necesitamos de forma absoluta a Cristo. La sociedad enferma de hoy necesita absolutamente de la Gracia sacramerntal, de la oración, de los consejos evangélicos. Necesitamos, especialmente los laicos, vivir en pobreza voluntaria y dichosa, en castidad celeste, en obediencia abnegada y fervorosa. Hasta que no nos demos cuenta de esto, seguiremos dando palos de ciego y perdiendo el tiempo miserablemente. Vivamos alabando al Señor, en una constante petición de Gracias, firmes en la fe y la paciencia sobrenatural.
"Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre" (GS 10)
Luz y fuerza. Es decir, doctrina verdadera (la apostólica) y Gracia.
Esta enfermedad del antropocentrismo que olvida a Dios (y al olvidar a Dios pierde la esperanza, que es recuerdo de sus promesas) fue diagnosticada certeramente por el CVII:
"como enfermo y pecador, (el hombre) no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son muchísimos los que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos " (GS 10)
Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión (GS 19).
4. POR ESTO NECESITAMOS DE LA VERDAD DE LA DOCTRINA APOSTÓLICA Y DE LA ACCIÓN TRANSFORMADORA DE LA GRACIA
El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros (GS 21)
Así de claro lo afirma el Concilio: necesitamos una exposición correcta de la doctrina e integridad en el orden de la Gracia (es decir, en la vida de la Iglesia) para vencer el ateísmo y sus derivados.
1.- Los males del Pueblo de Dios necesitan sanación, y esta sanación sólo puede venir de Cristo: de su Magisterio y de sus Sacramentos de Salud.
2.-Hay que desterrar de las catequesis, publicaciones, y medios de formación de las iglesias locales, la idea de que con un simple humanismo antropocéntrico podemos sanar al ser humano o a las sociedades
3.-La perfección en la vida de la Gracia (santidad) y la perfección en la doctrina (obediencia plena al Magisterio apostólico) son los medios por los que Cristo puede actuar a través de nosotros y propiciar la conversión de los alejados, renovar las vocaciones y atraer hacia el Señor la vida de los pueblos.
5. PRIMERAS CONCLUSIONES A MODO DE COMIENZO
Graves desviaciones doctrinales producen graves deficiencia en la vida cristiana.
Queremos que los obispos usen de su autoridad e impidan los sacrilegios en los sacramentos y la extensión masiva de los errores en las homilias, catequesis y publicaciones diocesanas.
El príncipe de la mentira usa de la Escritura y su exégesis, a través de la actividad teológica o catequéticas de fieles o pastores extraviados, para perder a la gente:
"herirá al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño" (MT 26, 31)
Es necesario, por esto, usar de la autoridad apostólica para reunir el rebaño disperso, fomentar la unidad en la verdad por la caridad, e impedir que el demonio se sirva de la sabiduría mundana de los ilustrados para confundir al Pueblo de Dios.
Aprendamos el papel de la Gracia divina en nuestra vida, en nuestra vocación. Nuestra vocación a la santidad, seamos laicos o sacerdotes, o religiosos, no consiste en una altruísta acción del hombre, no es fruto de que seamos o no generosos con el Señor. Es fruto gozoso y feliz de su llamada, de su Gracia, de su elección, a la que hemos de decir sí movidos por la Gracia misma.
Hagamos penitencia, ayunos, mortificaciones corporales y espirituales, practiquemos la limosna heroica y vivamos en pobreza voluntaria. Sólo así podremos comunicar a Cristo, atraer a los demás a Cristo, renovar nuestras iglesias con nuestra santidad de vida.
Afirmemos pues la primacía absoluta de la Gracia, y de la libertad humana en sinergía con ella, subordinada (que no coordinada, sino subordinada a la Gracia del Señor). Porque:
"no me elegísteis vosotros a Mí, sino que yo os elegí a vosotros" (Jn 15, 16)
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

